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martes, 30 de mayo de 2017
NiñoFobia ¿Siempre? #StopNiñoFobia
Los extremos siempre me han parecido una mala elección, y en este caso no es diferente, soy madre desde hace 3 años y medio, y mi opinión sigue siendo la misma que cuando no lo era, adoro a los niños, me encantan sus risas, sus juegos, su inocencia, su dulzura. Pero hay situaciones, momentos en la vida en los que prefiero, por un motivo puramente egoísta, tranquilidad al igual que no se me ocurre llevar a mi pequeño a un bar de copas a media noche, y no veo mal, que si algún padre lo intentara, no le dejen entrar.
Os voy a poner dos ejemplos que yo considero bastante representativos en mi vida.
El primero, fue mi luna de miel, uno de los hoteles en los que estuvimos era un resort en playa del Carmen, al contratarlo nos ofrecieron la pulsera Vip, que entre otras muchas ventajas, tenía el acceso a zonas donde no podían acceder menores, tampoco se permitía que los adultos dieran voces, salpicaran, ni se comportaran de forma irrespetuosa con el resto. Eran zonas sin niños, pero su acceso no era libre. Además tenían una piscina gigante con toboganes de agua y un montón de juegos en la que solo podían bañarse niños de hasta 14 años (esa sí me dio envidia jeje). Estuvimos en todas las zonas del hotel, y esa piscina nos venía muy bien en la siesta o cuando querías descansar un poco. En su momento no me pareció mal esta diferenciación y a día de hoy si lo pienso tampoco.
Otro momento de mi vida en el que buscaba no cruzarme con embarazadas, bebes… fue tras la pérdida de Emma, el dolor que me provocaba ver un carrito, una madre dando el pecho, unos padres paseando con sus hijos, era tal que hasta me cortaba la respiración, y era incapaz de no llorar amargamente. Recuerdo, por ejemplo, que durante meses no pude pisar ikea, no iba a centros comerciales, pese a no tener nada de ropa durante el postparto porque sabía que era imposible no cruzarme con ninguno. Y ojo que intentaba hacer vida normal con mi pequeño… pero si podía evitar el mal trago…
Ojo que soy la primera que beta un restaurante que niega la entrada a unos padres con sus hijos porque esa noche no les conviene tener dos sitios ocupados que no van a consumir. Que no ve programas como el hormiguero, porque no me gustan gestos como negar la entrada a un grupo de personas con discapacidad. Que no va a una boda si en la invitación, te demandan que no lleves niños…
Pero tampoco lo llevo a sitios en los que él o nosotros nos podamos sentir incómodos, ya sea por el lugar, la hora, porque esté teniendo un mal día... procuro enseñarle como se supone que se tiene que comportar. Mi hijo es mi responsabilidad, déjame educarle, para que el día de mañana sea un adulto.
Como ya he dicho antes, todos los extremos me parecen horribles. Y la niñofobia empieza a ser un problema real. Si vas a un restaurante familiar, por muy bien que se comporten los niños, van a hacer ruido, si vas a una piscina municipal, lo normal es que te salpiquen y no solo los niños. Que la mayoría de las veces se les permite mucho más a los adultos, que hablan a voces, no van bien aseados, fuman echando el humo a diestro y siniestro... eso es políticamente correcto, pero que un niño sea y se comporte como tal no lo es.
Soy la primera que a día de hoy no va a ningún sitio en el que mi pequeño no sea bien recibido. Pero entiendo que no siempre nos encontramos en la misma situación y que no siempre necesitamos lo mismo, por lo que no me molesta la existencia de lugares “Solo para adultos” siempre y cuando los “adultos” que hay dentro se comporten como tal.
Con este post participo en el Carnaval de post: A vueltas con #stopniñofobia de Madresfera. ¡No dudes visitar el enlace y conocer otras opiniones!
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