martes, 12 de junio de 2018

El LES llega a nuestras vidas

Aunque ya os tengo acostumbrados a desaparecer, os debo una disculpa y una explicación, tengo muchos post atrasados, y debo algunos importantes que prometo publicar cuanto antes.


A los que me seguís en las rrss ya lo sabéis, pero os contaré que finalmente, después de meses de pruebas, hace cosa de un mes me diagnosticaron LES (Lupus eritematoso sistémico). Ha sido un duro golpe, porque realmente no lo esperaba. Llevo desde los 16 años sabiendo que tengo una conectivopatía, hasta ahora indeterminada, a veces con tratamientos fuertes, otras sin nada. Siempre pensamos que, si se desarrollaba, sería un síndrome de Sjögren como mucho.  Sin duda, una vez más, ha sido lo peor que podía ser.

A día de hoy se muy poco de la enfermedad, voy aprendiendo a cuidarme, a escuchar mi cuerpo, a ‘esquivar’ los brotes, descubriendo nuevos límites que antes no tenía, barreras que han aparecido de la nada, y sintiéndome frágil, muy frágil, sola e incomprendida.

El lupus es una inmunodeficiencia degenerativa, esto quiere decir que mi propio sistema inmunitario ataca a los tejidos y células sanas por error. Por lo que puede dañar cualquier órgano de mi cuerpo, articulaciones, piel, riñones, corazón, pulmones, vasos sanguíneos o hasta el cerebro.

Entre los muchos síntomas que puedo tener, mi cuerpo ha decidido quedarse con casi todos los comunes, dolor e hinchazón en las articulaciones, dolor muscular, fiebre sin causa aparente, migrañas continuas, dolor en el pecho al respirar rápido o profundo, mareos, vómitos, pérdida de cabello, dedos de color púrpura, sensibilidad al sol, úlceras en la boca, glándulas inflamadas y cansancio extremo. Y de repente, lo que pensábamos que era el postparto o una depresión sin más, ahora pueden ser más cosas, y voy de prueba en prueba como pollo sin cabeza.

Esto me está afectando tanto en el trabajo como en mi vida personal y nuevamente, vuelvo a replantearme mi vida. Ya os comenté que me encontraba en una crisis existencial de las gordas y todo esto no ha hecho más que agravarla.

Porque ¿quién no ha hecho planes de joven? soñando con el futuro, con qué haría, con quien sería… desde luego no soy ni hago nada de lo que soñé. Hace años escuchaba “Grande” de Paolo Vallesi y me imaginaba siendo esa “niña grande”, manteniendo íntegros mis sueños e identidad, tenía mi vida planificada. Y hoy me descubro mirando a otro lado cuando traiciono todo en lo creo, apagando la luz para que Petter Pan no me encuentre, he “aparcado” mis sueños para ser “mayor” y “hacer lo que hay que hacer”.

Ahora que no sé cómo será mi vida mañana, que me siento incapaz de hacer planes y que lo único que quiero es ver crecer a mis hijos, estoy cansada “de esperar a que algo cambie”. Necesito tomar las riendas de mi vida y volver a ser yo.

Quiero cerrar cada noche los ojos sintiéndome en paz conmigo misma y feliz.

martes, 24 de abril de 2018

Aprendiendo a perdonarme: Tomando consciencia


Te propongo un ejercicio de toma de consciencia. Cierra los ojos y piensa en tu pie derecho, has tomado consciencia de él, ¿verdad? Ahora el izquierdo. Posiblemente es la primera vez hoy, que piensas conscientemente en él. Respira profundamente y toma consciencia de tu respiración, inhala, exhala, siente el aire entrar y salir de tus pulmones, las cosquillas en los orificios de la nariz. Ahora que estas en el presente, aquí conmigo, que me escuchas activamente, piensa como te sientes, estas tranquilo, inquieto, ¿eres feliz?

Yo llevo días haciéndolo y me he dado cuenta, que no soy feliz. No es algo nuevo, de hecho creo que ya lo sabía, pero siempre culpaba de mi infelicidad a mi pequeña mariposa, siempre culpaba al duelo. No es el duelo lo que ha estancado, no es el duelo lo que me impide avanzar. Soy yo la que se escuda
en ella y necesitaba tomar consciencia de esto, para poder intentar seguir adelante.

No soy feliz. 

Tengo a mi guerrero y a mi pequeña arcoíris que con su sonrisa podrían iluminar el mundo, pero yo siempre tengo una parte de mí con su hermana, un peso difícil de llevar.

Tengo un marido maravilloso (a su manera), que no solo no “me ayuda” en casa, sino que me genera más trabajo que los niños y el peso de la responsabilidad cada vez arquea más mi espalda.

Tengo  un trabajo, que odio profundamente, soy infeliz madrugando cada día por obligación para pasar más de la mitad del día en un sitio que aborrezco, alejada de mis niños. Soy consciente que nadie me obligó a estudiar una ingeniería, pero me equivoqué, y ahora no sé cómo arreglar el error.

Tengo a mis padres siempre para lo que necesite, pero por fin he aceptado y asimilado (no superado) que  yo nunca seré lo suficiente buena para mi madre. Ha sido un proceso lento y difícil, y es muy duro asumir que tu madre nunca ha estado, ni estará orgullosa de ti hagas lo que hagas, porque no eres más que una decepción constante para ella.

Tengo una familia maravillosa pero me falta tiempo cada día para hacer cosas que me hagan feliz que me llenen, la lista de las obligaciones es tan larga, que no deja espacio a nada más.

Y yo siento que me falta el aire, que cada día estoy más cansada, tengo peor humor, mal carácter, contesto mal a gente que no se lo merece, siento ataques de pánico, apagada, triste, desanimada, arisca, distante, amargada… predico sobre la disciplina positiva, cuando apenas tengo paciencia con ellos. No soy ni la madre, ni la persona que quiero ser. y siento que cada día es peor y el final del túnel se aleja en vez de acercarse. ¿Es el momento de levantar la mano y pedir ayuda?


No soy feliz, y seguro que es difícil de entender viendo mi vida desde fuera, porque tengo a mi pequeña arcoíris, y debería haber ‘superado’ ya ‘toda la historia de Emma’. Pero no es así, nunca ‘superaré’ lo que sucedió, solo estoy aprendiendo a vivir sin ella. Creo que el dolor ha destapado, sacado a la luz, otros problemas y posiblemente estoy rozando otra vez la depresión.

También sé que mi inmunodeficiencia degenerativa me convierte en un paciente de riesgo para sufrir trastornos del estado de ánimo, con tendencias depresivas, ya he pasado por ello.

Mi primer paso ha sido ser consciente de mis sentimientos y situación, saber que me estaba pasando e identificar los focos del problema, para ahora, poder trabajar en la solución. ¿Me acompañas en el proceso?? ¿Cuál es tu situación consciente?? ¿Crees que puede ayudarte en el tránsito de tu duelo?

viernes, 20 de abril de 2018

Hablamos de cuentos: ¡Vaya Cara! y estimulación temprana.

Este post debería haber salido hace ya unas semanas, en una nueva sección de estimulación temprana que estoy preparando, pero no puedo retrasarlo más, como sois grandes personas me perdonáis y cuando consiga organizarme lo reubicaré en su sitio.

Nosotros empezamos a hacer estimulación temprana con los peques desde prácticamente que nacieron. En las clases de preparación al parto nos dijeron que les ayudaba a establecer un mayor número de interconexiones neuronales en el cerebro y teníamos claro que íbamos a hacer todo lo que estuviera en nuestra mano para ayudarles en su desarrollo, además fue algo que nos ofrecieron en la guardería, mas facilidades imposible.


Hoy quiero hablaros de los cuentos en la estimulación, bueno realmente de uno en concreto. Los cuentos en la estimulación temprana son una gran herramienta. Durand en “Leer antes de leer” habla de las habilidades que los niños pueden desarrollar a través de la lectura de imágenes, como, por ejemplo, reconocerse e identificarse porque establece una conexión significativa con lo que ve cuando reconoce la imagen. Además en diversos estudios como uno de la Universidad de Pennsylvania (EEUU) revelan que la lectura a edades muy temprana influye positivamente en el crecimiento y desarrollo del cerebro de los pequeños. (Esto lo he leído en varios sitios pero no he conseguido encontrar el estudio de referencia, si lo encuentro os pondré el enlace).

Hoy os voy a hablar de un cuento que recibimos hace ya algunos días gracias a SM, y que nos ha encantado. Lo bueno de haber tenido que retrasar esta publicación es que nos ha permitido que #Bizcochilla (que va a su ritmo) haya empezado a sentarse y su interacción con el libro haya sido mucho mayor.

¡Vaya Cara!


Es un libro de tapa dura y hojas de cartón, 5 en total, que la peque puede manejar fácilmente.

Los dibujos son animalitos en blanco y negro con algo de color amarillo (que para la estimulación visual es fantástico y se puede usar a partir de los 4 meses), además los animales son muy simpáticos sin ser excesivamente ñoños.

Tiene apenas una línea de texto por página haciendo alusión a gestos y emociones, habla de saludar, jugar, sonreír, tristeza... genial para el desarrollo cognitivo del niño.

Además en la página final tiene un espejo, para que el peque pueda verse al imitar los gestos de los animales.


El libro esta catalogado a partir de 6 meses, aunque yo diría que se puede empezar a utilizar antes. Al principio yo se lo leía a #Bizcochilla y ahora ya es ella la que pasa las pagina e imita lo que ve. Cuando #Gusanito le deja, porque, aunque lo ponen en el intervalo de 0 a 2 años, a su hermano de 4 le ha fascinado el libro y le encanta 'leérselo' a su manera a su hermana.

El precio es bastante bueno para un libro de estas características 8.95€


A nosotros nos ha gustado tanto que también tenemos el otro libro de la colección. ¡Allá vamos! que prometo reseñaros  en unos días.


jueves, 15 de marzo de 2018

Viernes dando la nota #VDLN: Paloma blanca

No son muchos los grupos que se atreven a tratar el tema de la muerte gestacional/perinatal, y la verdad es que no soy muy fan de la nueva "Oreja de Van Gogh", pero esta canción y en estas fechas me toca...


Ya sabéis que estas fechas no son las mejores, pero mañana quiero todos los abrazos del mundo en el MBDay 18 de @Madresfera


Mi pequeña Emma, dos años sin ti.



Llevo toda la semana sintiéndome vacía, perdida, más triste de lo ya habitual. Es curioso como cuando parece que estás bien, todo vuelve a empezar. Hoy hace dos años de la que, sin duda, ha sido la peor experiencia de mi vida, hoy hace dos años que te fuiste princesa y es como si aún te siguiera esperando, como si aún te sintiera dentro.

He encontrado estas líneas que no publiqué el año pasado…

“Llevo media hora delante del teclado, mirando al vacío, sin escribir una letra, casi sin moverme, con los ojos inundados en lágrimas mientras en mi cabeza se agolpan ideas, recuerdos, sentimientos… y me doy cuenta, que realmente ha pasado un año, un año desde que te arrancaron de mi vientre y nos separaron para siempre, un año desde que se paró tu corazón y te perdimos mi princesa, un año desde la primera y última vez que te vi, tan pequeña, tan bonita, tan perfecta… 

Y mientras escucho canciones derrotistas solo puedo pensar en todo lo que el destino nos robó, mi pequeña, una vida por delante que se esfumó en un segundo, un mundo de ilusiones perdidas y sueños rotos, tantos planes que han quedado en el olvido…”

Realmente ha pasado un año desde ese escrito y todo sigue igual, dos desde que te perdimos y no ha dejado de doler, NO, no hemos pasado página, NO, no te hemos olvidado. Y aunque nadie pueda comprenderlo, aun no me hago a la idea de que nunca escucharé tu risa, no te veré jugar, dar tus primeros pasos, ni crecer junto a tus hermanos. Porque no estas y eso es algo que me aun hoy dos años después me cuesta asimilar.

      Y a veces pienso que si te tuviera conmigo #Bizcochilla no habría nacido, tengo sentimientos encontrados, y duele aún más.
      Y a veces me sorprendo mirando a tus hermanos sonriendo, feliz y duele aún más.
      Y escucho como #Gusanito le habla de ti a vuestra hermana, y duele aún más,
      Y aun te pienso cada día intentando recordar cada rasgo de tu rostro, porque me aterrar olvidarte, y duele aún más.
      Y nos dicen pero si ya tenéis a #Bizcochilla, y duele aún más.
Porque NO, no te hemos reemplazado, porque tú eres única, siempre serás mi primera hija y yo siempre seré tu mamá.

Hoy es un día gris, un día extraño, un día para recordar, para olvidar, para sentir, para celebrar, para añorar. Hoy celebramos tu segundo cumpleaños y lloramos tus dos años de ausencia. Hoy solo puedo decir que te quiero mi niña.

Mi pequeña Emma te sueño cada noche, te quiero, te extraño, te cuido, te abrazo y te doy todos los besos que no te puedo dar despierta.

martes, 13 de marzo de 2018

#MiércolesMudo ~ ¿Parece una letra?


Ayer intentamos preparar el regalo del día del padre para el abuelo, ¿Que os parece? ¿Parece una letra??


Pincha en el recuadro azul para participar y conocer a todos los participantes en este carnaval.
¡Feliz Miércoles Mudo!

viernes, 9 de marzo de 2018

Duelo, culpa, perdón - Volviendo a cuidarme.

La culpa, ¡ay la culpa!, la tenemos tan intrínseca en nuestra vida, como mujeres, como madres, como madres en duelo. Y la culpa a veces es tan fuerte, tan tediosa, que controla por completo nuestra vida.

Culpa por no llevar un embarazo perfecto, por no haberte cuidado, por no haber comido mejor, por no haber andado más, por no haberle hablado lo suficiente, por no haber hecho caso a sus patadas, por no haber escuchado a tu instinto, por no haber insistido en urgencias, por no haber ido a urgencias, por no haber sabido protegerle, por haberle perdido… repasamos cada movimiento, cada interacción, yo creo que fue aquí cuando pasó, yo creo que eso fue lo que hice mal, buscamos culpables y nos mortificamos hasta casi agonizar de dolor.

Cuando pierdes un bebe, es curioso cómo la gente, sin conocimiento, tiende a “aconsejar” bueno ahora te vuelves a quedar enseguida, mujer legrada mujer embarazada, tenéis que ir a por otro, lo mejor para superarlo es tener a otro bebe en brazos.

Lo siento pero NO se supera y NO, un clavo NO saca a otro clavo.

Y entonces, un día, puede que llegue el momento en el que vuelves a ver el positivo, quizás demasiado pronto, no estabas preparada para pasar por todo otra vez, quizás se hizo esperar demasiado y lo deseas tanto que casi duele…  y hay alegría sí, pero también hay mucho miedo y sobre todo CULPA, culpa por querer, desear, ese nuevo bebe, culpa por no poder quererle tanto como al que ya no esta, culpa incluso por rechazarle. Culpa por no poder hacer lo mismo que en embarazos anteriores, culpa por no poder borrar ni un instante a tu estrella de tu mente, culpa por olvidarla aunque sea un segundo, culpa por sentir que la estás reemplazando, culpa, culpa, culpa.

Sin darte cuenta entras en una espiral de culpa desbordante, que te absorbe, que te embulle, que te corroe por dentro y destroza tus entrañas. Y cuando la culpa y el dolor se unen con esa pasión enfermiza, nos comportamos sin querer de forma cruel, con los que nos rodean, con los que queremos, pero sobre todo con nosotros mismos. Nos castigamos, para sobrellevar el dolor, para soportar su perdida. Porque es lo que nos han enseñado, porque tienes que pagar por tus actos y errores. Y sin apenas pensarlo encuentras cientos de formas de autoflagelarte.

En mi caso deje de cuidarme, me había cuidado tanto durante el embarazo, para finalmente, no tenerla conmigo, que para que iba a continuar haciéndolo. Si no había sabido protegerla, si no había podido cuidar a Emma, no merecía cuidarme yo.  Deje de comer bien, deje de arreglarme, deje de ponerme cremas, de atender mi pelo, me deje, me abandone. Porque era mi castigo, porque no merecía otra cosa más que el abandono y el olvido en el más oscuro agujero de mi mente. Cuando me quedé embarazada de mi pequeña arcoíris, el castigo no terminó solo se transformó, tenía que cuidarme por ella, pero había muchas otras formas de cumplir mi pena. Y una vez que la Bizcochilla nació sana, sin darme cuenta continúe mi penitencia.

En apenas una semana hará 2 años que Emma se fue. Hoy hace 2 años, dos largos años que nos dijeron que no podríamos tenerla. No la he olvidado, no he superado nada, pero poco a poco estoy aprendiendo a vivir sin que el dolor me consuma y a perdonarme.

Ojo a la palabra PERDONARME

Porque es la única forma de mantener la culpa a raya, de recuperar la serenidad y volver a sonreír de verdad. Porque todo proceso de duelo lleva implícito el perdón, pero si hablamos de duelo gestacional y perinatal, perdonarse y reconciliarse con uno mismo es una ardua tarea. No solo necesitamos aceptación, deseo y voluntad para hacerlo sino que implica todo un recorrido interior, enfrentarnos a nuestros miedos, tristezas, enfado, desilusiones… Ese ansiado perdón, puede llegar de muchas formas dependiendo de nosotros y nuestras creencias, puede ser personal, espiritual, o de un profesional... pero es necesario que llegue.

Perdonarme creo que es una de las cosas más complicadas que estoy haciendo, o tratando de hacer, no es fácil dejar la culpa atrás. Y para ello me estoy poniendo pequeñas metas, pequeños logros. Porque creo que, una de las mejores formas de aceptar mi perdón es volver a cuidarme, sin culpas, sin remordimientos, sin motivos, solo cuidarme.  Hace unos días mi querida Cristina Quiles lanzó el reto #reboniqueándome y creo que es el empujón que necesitaba. Si queréis ver mis progresos los publicaré en las rrss con este hashtag.

Si habéis pasado por algo similar u os encontráis en un momento de búsqueda de perdón sea cual sea el motivo, os invito a reflexionar, a aceptar lo sucedido y liberar el pasado. Porque fuera o no tú culpa, ya has cumplido la condena, has pagado por todo lo que pudieras haber hecho. Yo he elegido seguir adelante, liberarme de la culpa que oprime mi pecho y me impide respirar con normalidad. ¿Qué eliges tú? ¿Me cuentas como te perdonaste o te estás perdonando?

lunes, 5 de marzo de 2018

Como liarla parda en la primera visita al oftalmológo

Hace unos meses nos comentaron que deberíamos hacerles una revisión anual a los niños desde los tres años, y pensé ¡pues ya llegamos tarde!

A unos meses de cumplir los 4 pedí cita con un oftalmólogo que le hizo varias pruebas, primero le miró con una máquina, pero #Gusanito no paraba quieto y no se dejaba hacer bien “la foto” del ojo, después tenía que decirle con un ojo tapado que figura veía en un cartel (como nuestras letras pero en feo). Empezó bien pero se cansó enseguida y empezó a decir tonterías.


Salimos de la consulta con una receta para ponerle gafas y la sensación de que no le había hecho ninguna prueba bien. Vamos que la revisión a pocos meses de cumplir los 4 fue un fracaso.

Con esa sensación se lo pregunte a su pediatra y le enseñe el informe que nos había dado el oftalmólogo. Ella me dijo que por lo menos en la seguridad social no se hacían revisiones antes de los 4 por la poca cooperación del niño. Pero que para quedarnos más tranquilos todos, nos mandaba al especialista.

Justo a las pocas semanas teníamos la revisión del niño sano y la enfermera también se quedó con un sabor agridulce de no saber si no cooperaba o realmente no veía bien.

El jueves 15 finalmente tuvimos la revisión con el especialista de la seguridad social. Nos fuimos los tres solos en autobús, #Bizcochilla en la mochila y #Gusanito un poco nervioso, porque su última visita al médico fue para las vacunas de los 4 años, yo le prometí que esta vez no le iban a pinchar. ¡Con lo guapa que estoy calladita!

Antes de ir, y con la experiencia anterior me había informado de que le iban a hacer, para ir preparándole. Solo iban a mírale la agudeza visual y la graduación con una técnica llamada esquiascópia, con gotas ciclopléjicas. No parecía demasiado complicado.

Llegamos antes de tiempo pero no había casi nadie y nos atendió la enfermera enseguida, una señora mayor (del pleistoceno) que no tenía ni idea de cómo tratar a un niño tan pequeño. Le sentó en un taburete y quería que apoyara la cabeza en una máquina que le llegaba por la frente. Con #Bizcochilla en la mochila y mi libertad de movimiento reducida, le ayudé a ponerse de rodillas, para apoyar la barbilla y la frente en la máquina, pero el peque andaba algo nervioso y no paraba quieto en un taburete redondo que se giraba fácilmente. La enfermera cada vez se enfadaba más y le hablaba peor, y cuanto peor le hablaba ella, #Gusanito más la desafiaba hasta que en un descuido ¡le apago la máquina!


Después le puso en una pared a identificar dibujos con un ojo tapado. Reconozco que eran menos feos, pero a mi parecer igual de complicados (había un pájaro que yo tuve que mirar varias veces para saber que era). Gusanito empezó a responder con su “no lo sé, es muy difícil”. “¿Pero lo ves? Cariño”, “Si pero es muy difícil mama”. Nos mandaron de nuevo a la sala de espera a que nos llamara el médico.


No tuvimos que esperar mucho para entrar en la consulta  y menuda diferencia, la oftalmóloga le conquistó en seguida, vio el informe de la enfermera y se enfadó bastante porque consideraba que los resultados no eran reales y las pruebas estaban mal hechas. Se las repitió ella misma con mucha dulzura y ayudando a #Gusanito en todo momento, dándole tiempo para calmarse y haciéndole reír. Después le puso unas gafas con cristales y tapándole un ojo le hizo responder pero cambió el panel de los dibujos por unas cajitas abiertas, ¡mucho más fácil decir si la caja está abierta hacia arriba hacia abajo!… finalmente le echo unas gotas para dilatar la pupila y nos pidió que esperáramos fuera. En 10 minutos tenía que echarle yo otra gota y en media hora le volvería a ver con la pupila dilatada.

El caso es que en la sala de espera el niño empezó a ponerse más irritable que de costumbre quejándose que le dolían los brazos. Con ayuda de un señor que estaba en la sala de espera conseguí echarle las gotas.
Justo después de echarle la primera gota me di cuenta de que #Gusanito tenía una roncha enorme en el brazo, lo primero que pensé fue en una picadura, luche con él para echarle la segunda gota. Y se puso mucho peor.


Justo en ese momento apareció la #pleistoenfermera a regañar a #Gusanito porque le habían “echado la bronca por su culpa”. Y venia toda decidida a gritarle a un niño de 4 años porque ella no sabía hacer su trabajo. Pero no la deje ni empezar y le enseñé las ronchas cada vez más grandes y por más sitios. Su primera reacción fue decirme que me llevara al niño corriendo a urgencias que era meningitis, y que me apartara de él (recordad que tenía a #bizcochilla en la mochila) porque se lo iba a pegar a la niña, y con pocos meses ¡suponía la muerte!! Así del tirón y sin respirar. Menos mal que había salido la oftalmóloga a llamar al siguiente y la escuchó.

Se acercó corriendo a ver al niño, y nos metió en la sala (pidiendo que esperaran fuera a los que acababan de entrar). Casi sin darnos cuenta, nos encontramos rodeados de unos 5 médicos y 6 enfermeras y #Gusanito desnudo en la camilla, cada vez más hinchado. Les oíamos nerviosos, llamando por teléfono pidiendo asistencia de urgencias pediátricas. Y claro #Gusanito cada vez más asustado. Terminaron poniéndole urbasón y nos dejaron en una sala esperando a ver si bajaba la reacción.

Cuando la reacción bajó, la oftalmóloga nos dijo que ya que tenía los ojos dilatados, lo suyo sería hacerle ya la prueba que le quedaba y así no teníamos que volver otro día y pasar por todo otra vez. #Gusanito seguía muy nervioso y dolorido, no paraba de llorar y ya no se fiaba de nadie, solo quería que yo le abrazara así que iba con #Bizcochilla en la mochila y con él en brazos de lado (un cuadro).

Y la #pleistoenfermera que empieza a decirle al niño que mejor que se vaya a casa, que así no le puede mirar, que ya le han reñido una vez por su culpa y que ya ha tenido bastante por hoy. Ahí ya me plante y le dije que me dejara hablar a mí con mi hijo tranquila y que esa era una decisión que teníamos que tomar nosotros y no ella.

Le senté en la silla y me puse de rodillas enfrente de él para que me mirara a los ojos. Le pedí que dejara de llorar con cariño para que pudiera hablar conmigo y espere a que se calmara. Le explique la situación, despacio y de forma sencilla para que el pudiera entenderlo y decidir. “Cariño la prueba que falta es solo la foto del ojo en la máquina de antes, ¿te acuerdas como ha sido? ¿A que no dolía?” “Si tenemos que volver otro día te tienen que volver a echar gotas en los ojos, y te va a volver a escocer otra vez” “No cariño, no creo que te tengan que volver a pinchar, porque supongo que te pondrán otras gotas diferentes, pero escuecen todas igual” “¿Qué quieres hacer? ¿Nos vamos y volvemos otro día y te lo repiten todo? ¿O entramos a hacerte la foto y terminamos lo que hemos empezado?” ‘Entramos mamá, me hago la foto y nos vamos a casa ¿vale?’

#Gusanito, entro se dejó hacer las pruebas tranquilo, sin moverse. Y la #pleistoenfermera que salta, si lo que le pasaba antes al niño era ¡que le dolía! Por eso no se dejaba el niño. Yo con los ojos como platos y sus compañeras pitorreándose de ella, “Claro porque ya le picaba antes de ponerle las gotas al pobre, como era meningitis…”


Salimos de allí después de horas, agotados, con un volante para ponerle las gafas, otro para urgencias para controlar que la reacción alérgica no tuviera réplicas y otro para su pediatra para que le hicieran las pruebas de la alergia. Pero esto os lo cuento otro día porque también “tiene tela” como dice #Gusanito.

jueves, 1 de marzo de 2018

Viernes dando la nota #VDLN: Moonlight shadow


Mucho se habla de las formas de educar modernas, y si nos paramos a pensar seguro que nuestros padres ya hacían muchas de esas cosas sin saber que lo estaban haciendo. Cuando me quedé embarazada de gusanito nos recomendaron elegir una canción y ponérsela de forma repetitiva para calmarle cuando naciera (creo que ya os lo he contando alguna vez) y que le recordara el vientre materno. Nosotros lo hicimos pensando que era algo guay e innovador, pero haciendo memoria y hablando con mi padre, yo también tengo canción de cuna.

El año que yo nací Mike Oldfield saco uno de sus singles mas reconocidos, Moonlight shadow y mi padre me la ponía a todas horas, porque le gustaba y porque según dice, parecía que mi también, daba más patadas cuando estaba en la barriga de mi madre y cuando nací me callaba a escucharla.

Si os soy sincera a día de hoy aun me la pongo cuando me siento nerviosa, cuando estoy muy triste o cuando simplemente quiero sonreír.

¿y vosotros teníais canción de cuna?

¡Feliz #VDLN!


miércoles, 28 de febrero de 2018

#MiércolesMudo ~ Días de recuerdo.


Son días de recuerdo, duros, grises, hace dos años nos encontrábamos sumidos en el miedo y la esperanza, realizando pruebas, esperando resultados sin imaginar por un solo instante cual sería el final. Dos años después aun siento en mi vientre la punzada que terminó con todo.