Hace mucho que no participaba en los #ViernesDandoLaNota, y eso que reconozco que es de mis carnavales preferidos.
Vivimos en el frenesí del día a día y a veces es importante parar respirar y pensar. Ayer @patinadora me recordó una canción que estuve tarareando ya todo el día y es que “últimamente ando algo perdida”. Y eso llevó a la discografía completa y a robarme alguna sonrisa y más de una lágrima.
Pues eso que “De un tiempo a esta tarde llego siempre tarde”.
He vivido días muy oscuros pero “sucede también, que sin saber cómo ni cuándo, algo te eriza la piel y te rescata del naufragio“. A veces en la oscura tormenta sale el arcoíris, “abrazos que incendia la aurora en las playas del sur”.
Porque la vida nos hace crecer, a veces demasiado deprisa, que haríamos “si Peter pan viniera a buscarnos una noche azul”, quien no ha mentido “cuando juro ser aun esa niña”.
Esta canción siempre me ha hecho llorar cuando sentía “Que me atrapa mi destino”, pero desde que soy madre la siento de otra manera. Porque “Quiero volar, lejos de aquí escapar, dime mi bien quien me llorara si me dan alas y echo a volar.” ha cambiado su significado.
Los extremos siempre me han parecido una mala elección, y en este caso no es diferente, soy madre desde hace 3 años y medio, y mi opinión sigue siendo la misma que cuando no lo era, adoro a los niños, me encantan sus risas, sus juegos, su inocencia, su dulzura. Pero hay situaciones, momentos en la vida en los que prefiero, por un motivo puramente egoísta, tranquilidad al igual que no se me ocurre llevar a mi pequeño a un bar de copas a media noche, y no veo mal, que si algún padre lo intentara, no le dejen entrar.
Os voy a poner dos ejemplos que yo considero bastante representativos en mi vida.
El primero, fue mi luna de miel, uno de los hoteles en los que estuvimos era un resort en playa del Carmen, al contratarlo nos ofrecieron la pulsera Vip, que entre otras muchas ventajas, tenía el acceso a zonas donde no podían acceder menores, tampoco se permitía que los adultos dieran voces, salpicaran, ni se comportaran de forma irrespetuosa con el resto. Eran zonas sin niños, pero su acceso no era libre. Además tenían una piscina gigante con toboganes de agua y un montón de juegos en la que solo podían bañarse niños de hasta 14 años (esa sí me dio envidia jeje). Estuvimos en todas las zonas del hotel, y esa piscina nos venía muy bien en la siesta o cuando querías descansar un poco. En su momento no me pareció mal esta diferenciación y a día de hoy si lo pienso tampoco.
Otro momento de mi vida en el que buscaba no cruzarme con embarazadas, bebes… fue tras la pérdida de Emma, el dolor que me provocaba ver un carrito, una madre dando el pecho, unos padres paseando con sus hijos, era tal que hasta me cortaba la respiración, y era incapaz de no llorar amargamente. Recuerdo, por ejemplo, que durante meses no pude pisar ikea, no iba a centros comerciales, pese a no tener nada de ropa durante el postparto porque sabía que era imposible no cruzarme con ninguno. Y ojo que intentaba hacer vida normal con mi pequeño… pero si podía evitar el mal trago…
Ojo que soy la primera que beta un restaurante que niega la entrada a unos padres con sus hijos porque esa noche no les conviene tener dos sitios ocupados que no van a consumir. Que no ve programas como el hormiguero, porque no me gustan gestos como negar la entrada a un grupo de personas con discapacidad. Que no va a una boda si en la invitación, te demandan que no lleves niños…
Pero tampoco lo llevo a sitios en los que él o nosotros nos podamos sentir incómodos, ya sea por el lugar, la hora, porque esté teniendo un mal día... procuro enseñarle como se supone que se tiene que comportar. Mi hijo es mi responsabilidad, déjame educarle, para que el día de mañana sea un adulto.
Como ya he dicho antes, todos los extremos me parecen horribles. Y la niñofobia empieza a ser un problema real. Si vas a un restaurante familiar, por muy bien que se comporten los niños, van a hacer ruido, si vas a una piscina municipal, lo normal es que te salpiquen y no solo los niños. Que la mayoría de las veces se les permite mucho más a los adultos, que hablan a voces, no van bien aseados, fuman echando el humo a diestro y siniestro... eso es políticamente correcto, pero que un niño sea y se comporte como tal no lo es.
Soy la primera que a día de hoy no va a ningún sitio en el que mi pequeño no sea bien recibido. Pero entiendo que no siempre nos encontramos en la misma situación y que no siempre necesitamos lo mismo, por lo que no me molesta la existencia de lugares “Solo para adultos” siempre y cuando los “adultos” que hay dentro se comporten como tal.
Cuando Madresfera nos propuso escribir
un post sobre superación personal, para participar en el carnaval de posts de la campaña#AclaraLaPsoriasis, pasaron por mi
cabeza varios temas, falta de autoestima,
problemas de alimentación, pánico escénico… temas que no suelo tratar y que por
respeto a mis padres y a lo que pienso al respecto, posiblemente no llegue a
tratar jamás en el blog. Como dice mi psicóloga, son guerras que por ahora no
estoy preparada para batallar.
Después de perder a mi pequeña, recuerdo
muchos días en blanco, días en los que solo los abrazos y besos de #Gusanito me
sacaban del aletargamiento. Recuerdo abrazarme a su urna a escondidas intentando
darle todo el amor que me quemaba dentro. Recuerdo sentir que no tenía derecho
a vivir, a respirar, porque yo la había matado. Y como no podía ser de otra
manera, toque fondo. Toque fondo el día que #Gusanito con apenas dos años me
dijo, “Mamá azul, pero yo cuido para
para que no llore.” Ese día me di cuenta que tenía que seguir adelante por él,
por mi marido y sobre todo por mí.
Siempre tuvimos claro que no queríamos
que #Gusanito fuera hijo único, de hecho siempre soñamos con familia numerosa y
perder a Emma no había cambiado esa idea. Sin embargo los meses pasaban y el
sangrado seguía constante, tras infinidad de pruebas, nos dijeron no saber el
motivo, pero mis ovarios no respondían y probablemente no podíamos tener más
hijos. Un nuevo golpe tan solo 6 meses después de enterrar a mi pequeña. Si no hubiera
sido por mis chicos… no quiero ni pensarlo.
Pero la historia continua, porque después
de tratamientos, y pruebas, tuve un mes completamente en blanco con un montón
de test negativos, y vuelta al sangrado continuo. Entonces un médico sugirió la
“posibilidad de Cancer” y que si volvía tener otro mes en blanco deberían
hacerme algunas pruebas… de repente sentí miedo de no ver crecer a mi pequeño y
por primera vez en meses quería vivir de verdad.
Cuando unos meses después la regla empezó a
retrasarse, ya íbamos preparados para lo peor, un retraso de casi dos semanas,
y yo que me negaba a hacerme un test… Pero nuestro miedo se tornó en un
precioso arcoíris que viene en camino, dispuesto a llenar de color los días grises
que le preceden.
#MiMedioMandarino siempre dice que él no
solo perdió a Emma, también me perdió a mí ese día. Y es cierto que no soy la
misma, y no creo que pueda volver a ser como antes, por mucho que lo intente. El
día que Emma se fue se llevó una parte importante de mi alma y de mi corazón.
Sí, es cierto que #MiMedioMandarino nos
perdió a las dos ese día, aun así, arriesgándome a meterme en un jardín del que
no pueda salir, no creo que las experiencias ni sentimientos sean comparables.
A medida que avanzan las semanas y la #Quisquilla
sigue creciendo sana, yo sigo batallando con mis miedos y demonios internos porque
yo soy la mama de Emma, mi obligación era cuidarla, y no lo hice, porque fui yo
quien enfermó, porque era yo quien sentía que algo no iba bien, y no supe
hacerme escuchar, porque fue una decisión de dos, pero era yo quien tumbada en
la camilla vi como la aguja atravesaba su corazoncito y todo se paraba, porque
fui yo sola quien dio a luz su cuerpo sin vida, y no hice nada cuando la
dejaron en el suelo como un despojo… Porque soy yo quien lleva a #Quisquilla en
su vientre, quien la siente crecer, quien nota sus patadas y quien revive, cada
día, sin querer, el embarazo de Emma.
A veces pienso que no estoy preparada
para volver a pasar por todo el embarazo otra vez, otras tengo la sensación de
que es continuación del de Emma, como si nunca hubiera dejado de esperarla. Por
eso elegir un nombre que me de paz es tan importante ahora mismo para mí. Emma
significaba “fuerza” y lo fue, mi pequeña lucho hasta el último momento. Y aunque nadie pueda entenderlo necesito que
el nombre de #Quisquilla signifique “vida” y tenga la misma fuerza que el de su
hermana. Porque necesito darle una identidad propia, necesito esperarla solo a
ella.
Como
veréis, estoy muy lejos de haber superado nada, pero cada día lucho por seguir
adelante, por ellos y por mí, porque quiero ser la madre que Emma habría
querido tener y porque sé que me necesitan tanto como yo a ellos.
Nosotros no hemos tirado la toalla y seguimos luchando día a día, y aunque la psoriasis no es una enfermedad sencilla de llevar, no olvides que seguir adelante y ser feliz es tu decisión.