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martes, 9 de octubre de 2018

Lunes 15, día mundial de la muerte gestacional/perinatal

El día 15 es el día mundial de la muerte gestacional/perinatal, todos conocéis la historia de mi pequeña Emma, como nos dejó y todo el trabajo que hemos estado realizando para transitar el duelo, algo que no es nada sencillo en un mundo que pretende ocultarlo, que niega su existencia, que estigmatiza a los padres que luchan por visibilizarlo.


Cuando te conviertes en madre, todo torna un cariz diferente, de repente todo se vuelve del revés y ya nunca nada volverá a donde estaba, porque tú, tu mundo y tus prioridades habéis cambiado. De repente el color del cielo es más intenso, las flores huelen diferente y las canciones esconden sentimientos perdidos. Y echas la culpa a las hormonas y al posparto cuando te emocionas al vislumbrar un atisbo de sonrisa en esa carita que te mira, como si tú fueras su universo (y lo eres). Y sientes una conexión mágica con ese ser al que tú has traído al mundo, que es difícil explicar con palabras.

Esa conexión tiene nombre y una explicación científica. Se llama microquimerismo fetomaternal, es un proceso por el cual las células del feto pasan a través de la placenta y establecen una estirpe de células en el interior de la madre, que persisten en ella y se multiplican durante décadas y a su vez algunas células de la madre pasan de igual modo, a la circulación del feto.

¿A que ahora cobran sentido frases como ‘porque te he parido’ que nos decían nuestras madres como respuesta a casi todo?

Pero ¿Qué ocurre cuando ese bebe se va antes de tiempo?

Ocurre que te conviertes en una madre con los brazos vacíos y todo torna un cariz diferente, de repente todo se vuelve del revés y ya nunca nada volverá a donde estaba, porque tú, tu mundo y tus prioridades habéis cambiado. De repente el color del cielo es más oscuro, las flores huelen diferente o las canciones esconden sentimientos prohibidos. Y echas la culpa a las hormonas y al posparto cuando te derrumbas al ver un carrito, una embarazada, un escaparate... Y sientes un vacío inmenso en el alma, como si te hubieran robado una parte de tu ser, y un dolor tan profundo que es difícil explicar con palabras.

Y de igual modo, las células de su bebé habitan y persistirán en ella, y de la misma forma que una madre nunca será la misma que antes de serlo, una mamá en duelo tampoco, podrá ser la misma que antes de gestar a su hijo.

Entonces ¿Por qué ese tabú con el duelo perinatal/gestacional? ¿Por qué negamos el posparto de una madre en duelo? ¿Por qué esa necesidad a ocultarlo como si fuera algo de lo que tienen, tenemos que avergonzarnos?

Recuerdo las semanas posteriores, como si fuera una película y yo una mera espectadora de mi vida. Recuerdo como la sociedad y mi propio entorno me abrumaban ‘para pasar página’, como molestaba que la nombrara, como tenía que esconderme para llorarla, la presión por hacer desaparecer de mi cuerpo cualquier rastro de su embarazo, como todos hacían como si nada hubiera pasado, como si pudieran hacer desaparecer los últimos 9 meses de mi vida.  Recuerdo las frases ‘de aliento’ que me dejaban sumida en la más oscura miseria, ‘mejor que no haya nacido’, ‘aun sois jóvenes’, ’ya tendrás otra’,  pero yo no quería otra, quería a mi pequeña, y sigo queriéndola, y eso no hace que quiera menos a mi pequeña Arcoíris.

Y te encuentras con que al dolor de pasar por un parto sin poder escuchar su llanto, de perder a tu bebe, al que has llamado por su nombre, al que has sentido durante meses, al que has imaginado, con el que has hecho miles de planes y has soñado… se suma darte de bruces con la administración pública que niega su existencia.

Te niegan ver su nombre escrito de forma oficial en ningún sitio, ya que en este país, si tu hijo nace sin vida o fallece antes de las 24h no tiene derecho a aparecer ni en el registro civil ni en el libro de familia, ni siquiera en el informe del hospital donde con suerte aparecerá como ‘feto de’, en nuestro caso ni eso.

Porque según Artículo 30 redactado por la disposición final tercera de la Ley 20/2011, de 21 de julio, del Registro Civil («B.O.E.» 22 julio).Vigencia: 23 julio 2011
La personalidad se adquiere en el momento del nacimiento con vida, una vez producido el entero desprendimiento del seno materno.

El único sitio “oficial” donde aparece el nombre de mi pequeña Emma, es en la placa que acompañaba la urna con sus restos. Y el no poder ver su nombre al lado de los de sus hermanos para mí es un dolor añadido, porque en mi corazón tengo tres hijos, porque he dado a luz tres veces, aunque ni pequeña mariposa blanca no esté con nosotros.

Por eso, te pido nos ayudes el lunes día 15 a darle visibilidad, porque al año 3'2 millones de bebés nacen sin vida en el mundo y si nos referimos a pérdidas en cualquier trimestre, hablamos de que solo 30 de cada 100 embarazos llegaría a nacer con vida.

porque nuestros hijos merecen respeto y nosotros el reconocimiento como padres.

martes, 24 de abril de 2018

Aprendiendo a perdonarme: Tomando consciencia


Te propongo un ejercicio de toma de consciencia. Cierra los ojos y piensa en tu pie derecho, has tomado consciencia de él, ¿verdad? Ahora el izquierdo. Posiblemente es la primera vez hoy, que piensas conscientemente en él. Respira profundamente y toma consciencia de tu respiración, inhala, exhala, siente el aire entrar y salir de tus pulmones, las cosquillas en los orificios de la nariz. Ahora que estas en el presente, aquí conmigo, que me escuchas activamente, piensa como te sientes, estas tranquilo, inquieto, ¿eres feliz?

Yo llevo días haciéndolo y me he dado cuenta, que no soy feliz. No es algo nuevo, de hecho creo que ya lo sabía, pero siempre culpaba de mi infelicidad a mi pequeña mariposa, siempre culpaba al duelo. No es el duelo lo que ha estancado, no es el duelo lo que me impide avanzar. Soy yo la que se escuda
en ella y necesitaba tomar consciencia de esto, para poder intentar seguir adelante.

No soy feliz. 

Tengo a mi guerrero y a mi pequeña arcoíris que con su sonrisa podrían iluminar el mundo, pero yo siempre tengo una parte de mí con su hermana, un peso difícil de llevar.

Tengo un marido maravilloso (a su manera), que no solo no “me ayuda” en casa, sino que me genera más trabajo que los niños y el peso de la responsabilidad cada vez arquea más mi espalda.

Tengo  un trabajo, que odio profundamente, soy infeliz madrugando cada día por obligación para pasar más de la mitad del día en un sitio que aborrezco, alejada de mis niños. Soy consciente que nadie me obligó a estudiar una ingeniería, pero me equivoqué, y ahora no sé cómo arreglar el error.

Tengo a mis padres siempre para lo que necesite, pero por fin he aceptado y asimilado (no superado) que  yo nunca seré lo suficiente buena para mi madre. Ha sido un proceso lento y difícil, y es muy duro asumir que tu madre nunca ha estado, ni estará orgullosa de ti hagas lo que hagas, porque no eres más que una decepción constante para ella.

Tengo una familia maravillosa pero me falta tiempo cada día para hacer cosas que me hagan feliz que me llenen, la lista de las obligaciones es tan larga, que no deja espacio a nada más.

Y yo siento que me falta el aire, que cada día estoy más cansada, tengo peor humor, mal carácter, contesto mal a gente que no se lo merece, siento ataques de pánico, apagada, triste, desanimada, arisca, distante, amargada… predico sobre la disciplina positiva, cuando apenas tengo paciencia con ellos. No soy ni la madre, ni la persona que quiero ser. y siento que cada día es peor y el final del túnel se aleja en vez de acercarse. ¿Es el momento de levantar la mano y pedir ayuda?


No soy feliz, y seguro que es difícil de entender viendo mi vida desde fuera, porque tengo a mi pequeña arcoíris, y debería haber ‘superado’ ya ‘toda la historia de Emma’. Pero no es así, nunca ‘superaré’ lo que sucedió, solo estoy aprendiendo a vivir sin ella. Creo que el dolor ha destapado, sacado a la luz, otros problemas y posiblemente estoy rozando otra vez la depresión.

También sé que mi inmunodeficiencia degenerativa me convierte en un paciente de riesgo para sufrir trastornos del estado de ánimo, con tendencias depresivas, ya he pasado por ello.

Mi primer paso ha sido ser consciente de mis sentimientos y situación, saber que me estaba pasando e identificar los focos del problema, para ahora, poder trabajar en la solución. ¿Me acompañas en el proceso?? ¿Cuál es tu situación consciente?? ¿Crees que puede ayudarte en el tránsito de tu duelo?

jueves, 15 de marzo de 2018

Viernes dando la nota #VDLN: Paloma blanca

No son muchos los grupos que se atreven a tratar el tema de la muerte gestacional/perinatal, y la verdad es que no soy muy fan de la nueva "Oreja de Van Gogh", pero esta canción y en estas fechas me toca...


Ya sabéis que estas fechas no son las mejores, pero mañana quiero todos los abrazos del mundo en el MBDay 18 de @Madresfera


Mi pequeña Emma, dos años sin ti.



Llevo toda la semana sintiéndome vacía, perdida, más triste de lo ya habitual. Es curioso como cuando parece que estás bien, todo vuelve a empezar. Hoy hace dos años de la que, sin duda, ha sido la peor experiencia de mi vida, hoy hace dos años que te fuiste princesa y es como si aún te siguiera esperando, como si aún te sintiera dentro.

He encontrado estas líneas que no publiqué el año pasado…

“Llevo media hora delante del teclado, mirando al vacío, sin escribir una letra, casi sin moverme, con los ojos inundados en lágrimas mientras en mi cabeza se agolpan ideas, recuerdos, sentimientos… y me doy cuenta, que realmente ha pasado un año, un año desde que te arrancaron de mi vientre y nos separaron para siempre, un año desde que se paró tu corazón y te perdimos mi princesa, un año desde la primera y última vez que te vi, tan pequeña, tan bonita, tan perfecta… 

Y mientras escucho canciones derrotistas solo puedo pensar en todo lo que el destino nos robó, mi pequeña, una vida por delante que se esfumó en un segundo, un mundo de ilusiones perdidas y sueños rotos, tantos planes que han quedado en el olvido…”

Realmente ha pasado un año desde ese escrito y todo sigue igual, dos desde que te perdimos y no ha dejado de doler, NO, no hemos pasado página, NO, no te hemos olvidado. Y aunque nadie pueda comprenderlo, aun no me hago a la idea de que nunca escucharé tu risa, no te veré jugar, dar tus primeros pasos, ni crecer junto a tus hermanos. Porque no estas y eso es algo que me aun hoy dos años después me cuesta asimilar.

      Y a veces pienso que si te tuviera conmigo #Bizcochilla no habría nacido, tengo sentimientos encontrados, y duele aún más.
      Y a veces me sorprendo mirando a tus hermanos sonriendo, feliz y duele aún más.
      Y escucho como #Gusanito le habla de ti a vuestra hermana, y duele aún más,
      Y aun te pienso cada día intentando recordar cada rasgo de tu rostro, porque me aterrar olvidarte, y duele aún más.
      Y nos dicen pero si ya tenéis a #Bizcochilla, y duele aún más.
Porque NO, no te hemos reemplazado, porque tú eres única, siempre serás mi primera hija y yo siempre seré tu mamá.

Hoy es un día gris, un día extraño, un día para recordar, para olvidar, para sentir, para celebrar, para añorar. Hoy celebramos tu segundo cumpleaños y lloramos tus dos años de ausencia. Hoy solo puedo decir que te quiero mi niña.

Mi pequeña Emma te sueño cada noche, te quiero, te extraño, te cuido, te abrazo y te doy todos los besos que no te puedo dar despierta.

viernes, 9 de marzo de 2018

Duelo, culpa, perdón - Volviendo a cuidarme.

La culpa, ¡ay la culpa!, la tenemos tan intrínseca en nuestra vida, como mujeres, como madres, como madres en duelo. Y la culpa a veces es tan fuerte, tan tediosa, que controla por completo nuestra vida.

Culpa por no llevar un embarazo perfecto, por no haberte cuidado, por no haber comido mejor, por no haber andado más, por no haberle hablado lo suficiente, por no haber hecho caso a sus patadas, por no haber escuchado a tu instinto, por no haber insistido en urgencias, por no haber ido a urgencias, por no haber sabido protegerle, por haberle perdido… repasamos cada movimiento, cada interacción, yo creo que fue aquí cuando pasó, yo creo que eso fue lo que hice mal, buscamos culpables y nos mortificamos hasta casi agonizar de dolor.

Cuando pierdes un bebe, es curioso cómo la gente, sin conocimiento, tiende a “aconsejar” bueno ahora te vuelves a quedar enseguida, mujer legrada mujer embarazada, tenéis que ir a por otro, lo mejor para superarlo es tener a otro bebe en brazos.

Lo siento pero NO se supera y NO, un clavo NO saca a otro clavo.

Y entonces, un día, puede que llegue el momento en el que vuelves a ver el positivo, quizás demasiado pronto, no estabas preparada para pasar por todo otra vez, quizás se hizo esperar demasiado y lo deseas tanto que casi duele…  y hay alegría sí, pero también hay mucho miedo y sobre todo CULPA, culpa por querer, desear, ese nuevo bebe, culpa por no poder quererle tanto como al que ya no esta, culpa incluso por rechazarle. Culpa por no poder hacer lo mismo que en embarazos anteriores, culpa por no poder borrar ni un instante a tu estrella de tu mente, culpa por olvidarla aunque sea un segundo, culpa por sentir que la estás reemplazando, culpa, culpa, culpa.

Sin darte cuenta entras en una espiral de culpa desbordante, que te absorbe, que te embulle, que te corroe por dentro y destroza tus entrañas. Y cuando la culpa y el dolor se unen con esa pasión enfermiza, nos comportamos sin querer de forma cruel, con los que nos rodean, con los que queremos, pero sobre todo con nosotros mismos. Nos castigamos, para sobrellevar el dolor, para soportar su perdida. Porque es lo que nos han enseñado, porque tienes que pagar por tus actos y errores. Y sin apenas pensarlo encuentras cientos de formas de autoflagelarte.

En mi caso deje de cuidarme, me había cuidado tanto durante el embarazo, para finalmente, no tenerla conmigo, que para que iba a continuar haciéndolo. Si no había sabido protegerla, si no había podido cuidar a Emma, no merecía cuidarme yo.  Deje de comer bien, deje de arreglarme, deje de ponerme cremas, de atender mi pelo, me deje, me abandone. Porque era mi castigo, porque no merecía otra cosa más que el abandono y el olvido en el más oscuro agujero de mi mente. Cuando me quedé embarazada de mi pequeña arcoíris, el castigo no terminó solo se transformó, tenía que cuidarme por ella, pero había muchas otras formas de cumplir mi pena. Y una vez que la Bizcochilla nació sana, sin darme cuenta continúe mi penitencia.

En apenas una semana hará 2 años que Emma se fue. Hoy hace 2 años, dos largos años que nos dijeron que no podríamos tenerla. No la he olvidado, no he superado nada, pero poco a poco estoy aprendiendo a vivir sin que el dolor me consuma y a perdonarme.

Ojo a la palabra PERDONARME

Porque es la única forma de mantener la culpa a raya, de recuperar la serenidad y volver a sonreír de verdad. Porque todo proceso de duelo lleva implícito el perdón, pero si hablamos de duelo gestacional y perinatal, perdonarse y reconciliarse con uno mismo es una ardua tarea. No solo necesitamos aceptación, deseo y voluntad para hacerlo sino que implica todo un recorrido interior, enfrentarnos a nuestros miedos, tristezas, enfado, desilusiones… Ese ansiado perdón, puede llegar de muchas formas dependiendo de nosotros y nuestras creencias, puede ser personal, espiritual, o de un profesional... pero es necesario que llegue.

Perdonarme creo que es una de las cosas más complicadas que estoy haciendo, o tratando de hacer, no es fácil dejar la culpa atrás. Y para ello me estoy poniendo pequeñas metas, pequeños logros. Porque creo que, una de las mejores formas de aceptar mi perdón es volver a cuidarme, sin culpas, sin remordimientos, sin motivos, solo cuidarme.  Hace unos días mi querida Cristina Quiles lanzó el reto #reboniqueándome y creo que es el empujón que necesitaba. Si queréis ver mis progresos los publicaré en las rrss con este hashtag.

Si habéis pasado por algo similar u os encontráis en un momento de búsqueda de perdón sea cual sea el motivo, os invito a reflexionar, a aceptar lo sucedido y liberar el pasado. Porque fuera o no tú culpa, ya has cumplido la condena, has pagado por todo lo que pudieras haber hecho. Yo he elegido seguir adelante, liberarme de la culpa que oprime mi pecho y me impide respirar con normalidad. ¿Qué eliges tú? ¿Me cuentas como te perdonaste o te estás perdonando?

miércoles, 28 de febrero de 2018

#MiércolesMudo ~ Días de recuerdo.


Son días de recuerdo, duros, grises, hace dos años nos encontrábamos sumidos en el miedo y la esperanza, realizando pruebas, esperando resultados sin imaginar por un solo instante cual sería el final. Dos años después aun siento en mi vientre la punzada que terminó con todo.

viernes, 23 de febrero de 2018

Viernes dando la nota #VDLN: Últimamente

Hace mucho que no participaba en los #ViernesDandoLaNota, y eso que reconozco que es de mis carnavales preferidos.

Vivimos en el frenesí del día a día y a veces es importante parar respirar y pensar. Ayer @patinadora me recordó una canción que estuve tarareando ya todo el día y es que “últimamente ando algo perdida”. Y eso llevó a la discografía completa y a robarme alguna sonrisa y más de una lágrima.

Pues eso que “De un tiempo a esta tarde llego siempre tarde”.


He vivido días muy oscuros pero “sucede también, que sin saber cómo ni cuándo, algo te eriza la piel y te rescata del naufragio“. A veces en la oscura tormenta sale el arcoíris, “abrazos que incendia la aurora en las playas del sur”.


Porque la vida nos hace crecer, a veces demasiado deprisa, que haríamos “si Peter pan viniera a buscarnos una noche azul”, quien no ha mentido “cuando juro ser aun esa niña”.


Esta canción siempre me ha hecho llorar cuando sentía “Que me atrapa mi destino”, pero  desde que soy madre la siento de otra manera. Porque “Quiero volar, lejos de aquí escapar, dime mi bien quien me llorara si me dan alas y echo a volar.” ha cambiado su significado.


 ¡Feliz #VDLN!






jueves, 22 de febrero de 2018

Solo yo siento mi dolor

¿Cuantas veces habéis oído eso de: “hasta que no lo vivas no sabrás lo que se siente”?

En la vida tendemos a buscar grupos de apoyo, gente que está en tu misma situación, que sabe cómo te sientes. Y eso tiene un porqué muy sencillo.


El filósofo griego Sófocles decía, “Tú puedes comprender mi dolor, pero sólo yo lo siento.”

Lo que sientes al ‘empatizar’ con alguien es tu propio dolor. Puedes imaginar, que es lo que está sintiendo, pero lo que tu sientes es tu propio dolor.

Te voy a poner un ejemplo personal. Esta mañana escuchando el podcast de saludesfera, hablaban de las enfermedades raras, he empatizado, he llorado y de repente he sentido mucho dolor. Ha habido un momento en el que he pasado de la empatía a la simpatía y me he perdido en mi propio dolor. Porque poniéndonos en el escenario más idílico posible, si mi hija estuviera viva, yo estaría en la situación de muchos de esos padres, esperando diagnósticos, esperando ayuda, esperando su muerte. ¿Les he comprendido?  Si, ¿He empatizado con ellos? Sí. Pero lo que sentía era mi dolor no el suyo.

Un ejemplo más sencillo, a ver si consigo explicarme. Pon que bailando nos caemos, te tuerces un dedo y yo me rompo el coxis. A ti te va a doler el dedo, y lo que vas a sentir al pensar en nuestro "pequeño accidente" es el dolor de tu dedo.  ¿Qué duele más? No importa, porque el dolor no es comparable y a ti lo que te duele es tu dedo.

Esta mañana también he caído en el error de pensar, al menos la tendría conmigo. ¿Qué dolor creéis que es más fuerte, que es peor? Enterrar a un hijo, o verle sufrir cada día. Las que hemos sufrido un duelo perinatal, tenderemos a decir, al menos ellos los pueden abrazar, los sienten, los cuidan, los tienen. El otro bando te dirá y no sin razón, que no hay mayor dolor en el mundo que ver sufrir de esa manera a tu hijo, y no poder hacer nada.


Por tanto ¿Qué dolor es más grande? ¿Acaso importa?

Por eso es inútil comparar duelos, porque ningún dolor es comparable a otro. Pensemos en una madre, que no es capaz de concebir un hijo de forma natural, puede llegar a sentir cada regla como una perdida, y vivir el duelo de su hijo no concebido. ¿Es menos el dolor de esa madre que el de otra que si lo concibió y lo perdió en el primer trimestre? Y vallamos un paso más lejos, es menor el dolor de esas madres, que el de la que lo perdió al final del embarazo?, o el de la que lo abrazó, lo escucho llorar, y lo vio irse al poco tiempo. El dolor no se puede comparar, porque solo sentimos nuestro dolor.

El problema es que el dolor se suele acrecentar con la culpa. Si no hubiera contraído esa enfermedad, si hubiera tenido mas cuidado, si, si, si.... Y al dejarnos llevar por todo ese cúmulo de sentimientos, pretendemos comparar y nos convertimos en victimistas, en gente toxica. Perdemos el respeto por la persona que tenemos al lado.“Tú no eres madre, porque no sabes lo que es el dolor del parto” “No eres una madre de verdad porque no sabes lo que es el sacrificio de dar el pecho”… ¿Os suena verdad?

Esto no es más que un pensamiento, un desvarío que ha surgido de mi duelo no transitado, pero este es otro tema y de culpas y duelos ya hablaremos otro día.



jueves, 15 de febrero de 2018

Terminos y símbolos en el duelo perinatal/gestacional

Últimamente me he dado cuenta de que cuando hablo de mi “pequeña arcoíris”, hay gente que me mira, sonríe y me dice “si es muy risueña sí”, pero no tienen ni idea de porque la llamo así. Afortunadamente cada vez se le está dando más visualización al duelo gestacional / perinatal, pero siguen siendo temas, términos tabú, que se desconocen si no has pasado por algo así, sea en primera persona o a través de alguien.

Por eso había pensado que podría ser interesante hacer un repaso a estos términos y símbolos, ahora que retomamos el blog con nuevas metas y expectativas.

Comenzando por el principio y para poder hablar con propiedad me gustaría hacer una distinción, se llama aborto a la interrupción de un embarazo cuando el peso del embrión o feto es menor de 500 gramos o  la gestación es inferior a 22 semanas, estos normalmente suceden en el primer trimestre, pero cuando ocurre en el segundo se le llama aborto tardío. Si un feto muere dentro del útero con un peso mayor a 500 gramos o con un desarrollo gestacional mayor a 24 semanas (cuando se considera que en condiciones optimas, su vida podría haber sido posible fuera del útero)  hablamos de muerte fetal. Y de Muerte fetal precoz cuando ocurre a partir del segundo trimestre, el peso es menor de 1000 gramos y el embarazo no ha llegado a término.

IVE es interrupción voluntaria del embarazo, se llama igual independientemente del mes en que se realice y aunque el motivo sea “incompatibilidad con la vida”. A partir de la semana 22 hay que solicitar un comité de valoración que apruebe la interrupción, siempre y cuando no tenga posibilidades de sobrevivir al parto y/o la vida de la madre corra peligro. A mí personalmente el VOLUNTARIA, me desgarra el alma.

Si nos referimos al duelo hablamos de dos términos. Duelo gestacional cuando nos enfrentamos a la pérdida de un embarazo durante la primera mitad del embarazo. Hasta aproximadamente las 24 semanas. A partir de la semana 24 se suele hablar de duelo perinatal, normalmente si se ha dado a luz al feto sin vida. Una cosa que se debería tener en cuenta es que el duelo se pasa aunque sea una IVE, voluntaria o forzada.

Si nos referimos a los bebes, coloquialmente se llama bebé arcoíris al pequeñ@ que nace tras una perdida, NO porque venga a ocupar el lugar que su herman@ dejó vació, lo siento ese vacío no se llenará nunca, sino porque viene a darnos luz, color tras la oscuridad de la tormenta, una tormenta que nunca cesará del todo porque el dolor nunca desaparece.

Un bebé estrella es el que solo vivió en el vientre su madre y plácidamente se durmió. Se dice que los bebe estrella brillan por la noche y por el día se esconden tras las nubes para acompañar a sus papás. Son bebés sin nombre y de los que normalmente se desconoce el sexo.

Un bebé ángel es que fallece al final de la gestación o al poco tiempo de nacer, un bebé con nombre propio y al que se ha dado a luz, aunque fuera sin vida.

Se llama bebé sol al pequeño que nació antes de una pérdida, entre la inocencia, la alegría, y la confianza de un embarazo perfecto y normal. El amor puro antes de saber que los sueños pueden romperse tan cruelmente.

Mamá Mariposa es una madre que viendo truncado su embarazo, ha tenido que aprender a ejercer su maternidad sin la presencia física de su pequeño. Nos llaman mariposas, porque es algo que nos transforma para siempre y como el gusano que sale de su crisálida convertido en mariposa, nosotras renacemos del dolor del duelo.

Otra cosa que deberíamos saber, sobre todo para evitar comentarios desafortunados delante de unos padres que se debaten entre la alegría y el más terrible de los dolores, es que si ves una mariposa morada pintada en una cuna es muy probable que ese bebe sea el único superviviente de un embarazo múltiple.

En algunos hospitales se está empezando a poner en marcha un protocolo de duelo perinatal, que utiliza una mariposa azul para identificar zonas acondicionadas, lejos de intromisiones, miradas y comentarios inapropiados donde permitir a los padres pasar el proceso lo más respetuosamente posible.

Como habréis podido observar las mariposas son un símbolo recurrente en el duelo y es que desde la antigüedad muchos pueblos han creído que la transformación de las mariposas se asemejaba al viaje del alma cuando abandona el cuerpo para renacer como símbolo de inmortalidad. Los irlandeses del siglo XVII creían que las mariposas blancas tenían el alma de los niños muertos, inocentes y puros, por lo que estaba prohibido matarlas.

Reconozco que esa idea me transmite paz, y cada vez que veo una mariposa blanca, me gusta pensar, que es mi pequeña, que cuida de nosotros. 

miércoles, 7 de junio de 2017

No me digas que todo va a salir bien

A punto de entrar en el tercer trimestre, aumentan a partes iguales la ilusión y el miedo. Nos acercamos a paso de tortuga vertiginosa a la fatídica línea y la ansiedad se va apoderando de la ilusión.

Pensaba que al darte nombre propio, podría distanciarte de tu hermana y de lo que pasó, podría esperarte solo a ti. Pero a medida que avanzan los días, no dejo de ver similitudes entre un embarazo y otro, y aunque no soy supersticiosa tengo la imperiosa necesidad de diferenciaros.

Procuro no utilizar la misma ropa, no hacer las mismas cosas, como si con un absurdo ritual pudiera espantar a la muerte. Esta mañana he llamado para pedir cita en la peluquería y he pensado, uf me corte el pelo con Emma más o menos estando de lo mismo… y pensareis que chorrada, pero a mí me ha dado un vuelco el corazón.

Por ejemplo en mis dos embarazos anteriores utilicé un llamador de ángel, uno para cada uno, que os pudiera regalar cuando crecierais o cuando esperáramos a mis nietos. Pero contigo mi #PequeñaArcoiris, no he sido capaz aun ni de buscarlo y no creo que lo haga, a no ser que me lo regalen.

Cada patadita que siento me da la vida y a la vez pienso que a su hermana también la sentía, cada vez que me dicen que va todo bien, respiro aliviada y luego recuerdo que con Emma también estaba todo bien y es que necesito ser  positiva, pero a mi manera, a veces tengo que distanciarme de las cosas, buscar otra perspectiva, y que me estén diciendo todo el tiempo "Ya está todo hecho", “Va a salir bien”, “No sea tan negativa”,  “Agorera”, “No tiene que pasar lo mismo”… no claro, a ver lo mismo es imposible, ya tengo anticuerpos del citomegalovirus, pero hay cientos de enfermedades, de virus que harían daño a mi pequeña y me pueden contagiar, hay millones de cosas que pueden suceder y por desgracia, yo ya perdí la inocencia.

¿Puedes de verdad asegurarme al 100% que absolutamente todo va a salir bien? No ¿Verdad?

Si de verdad quieres ayudarme no menosprecies mis miedos, tan solo calla, escucha y abrázame. Si de verdad quieres ayudarme respeta mis tiempos, mis sentimientos, y la forma de llevar MI embarazo.

jueves, 1 de junio de 2017

Viernes dando la nota #VDLN: A mis hijos

Hoy escribo este post un poco blandita, y es que a veces suceden cosas que te hacen frenar en seco, respirar y replantearte si lo estas haciendo bien. 

Hoy me he despertado con la terrible noticia del fallecimiento de una persona a la que admiraba mucho y cuyo mensaje era "Vivir con humor".

No hay palabras que espesen la avalancha de pensamientos, sentimientos que me abruman, por eso a veces es mejor el silencio.  

Hasta siempre Carles Capdevila.

Esos locos bajitos - Sabina & Serrat



Eros Ramazzotti - Será (La Aurora) 


Juanes - tu guardián.


Alejadro Sanz - Capitán tapón 



martes, 30 de mayo de 2017

NiñoFobia ¿Siempre? #StopNiñoFobia


Los extremos siempre me han parecido una mala elección, y en este caso no es diferente, soy madre desde hace 3 años y medio, y mi opinión sigue siendo la misma que cuando no lo era, adoro a los niños, me encantan sus risas, sus juegos, su inocencia, su dulzura. Pero hay situaciones, momentos en la vida en los que prefiero, por un motivo puramente egoísta, tranquilidad al igual que no se me ocurre llevar a mi pequeño a un bar de copas a media noche, y no veo mal, que si algún padre lo intentara, no le dejen entrar.

Os voy a poner dos ejemplos que yo considero bastante representativos en mi vida.

El primero, fue mi luna de miel, uno de los hoteles en los que estuvimos era un resort en playa del Carmen, al contratarlo nos ofrecieron la pulsera Vip, que entre otras muchas ventajas, tenía el acceso a zonas donde no podían acceder menores, tampoco se permitía que los adultos dieran voces, salpicaran, ni se comportaran de forma irrespetuosa con el resto. Eran zonas sin niños, pero su acceso no era libre. Además tenían una piscina gigante con toboganes de agua y un montón de juegos en la que solo podían bañarse niños de hasta 14 años (esa sí me dio envidia jeje). Estuvimos en todas las zonas del hotel, y esa piscina nos venía muy bien en la siesta o cuando querías descansar un poco. En su momento no me pareció mal esta diferenciación y a día de hoy si lo pienso tampoco.

Otro momento de mi vida en el que buscaba no cruzarme con embarazadas, bebes… fue tras la pérdida de Emma, el dolor que me provocaba ver un carrito, una madre dando el pecho, unos padres paseando con sus hijos, era tal que hasta me cortaba la respiración, y era incapaz de no llorar amargamente. Recuerdo, por ejemplo, que durante meses no pude pisar ikea, no iba a centros comerciales, pese a no tener nada de ropa durante el postparto porque sabía que era imposible no cruzarme con ninguno. Y ojo que intentaba hacer vida normal con mi pequeño… pero si podía evitar el mal trago…

Pensad en una pareja que llevan años de tratamientos para ser padres sin resultado alguno, entendería perfectamente que decidieran ir a un hotel o restaurante en el que no se permite la entrada a niños y sinceramente no lo consideraría niñofobia.

Ojo que soy la primera que beta un restaurante que niega la entrada a unos padres con sus hijos porque esa noche no les conviene tener dos sitios ocupados que no van a consumir. Que no ve programas como el hormiguero, porque no me gustan gestos como negar la entrada a un grupo de personas con discapacidad. Que no va a una boda si en la invitación, te demandan que no lleves niños…

Pero tampoco lo llevo a sitios en los que él o nosotros nos podamos sentir incómodos, ya sea por el lugar, la hora, porque esté teniendo un mal día... procuro enseñarle como se supone que se tiene que comportar. Mi hijo es mi responsabilidad, déjame educarle, para que el día de mañana sea un adulto.

¿Como se supone que les vamos a enseñar, si les prohíben la entrada en todas partes?

Como ya he dicho antes, todos los extremos me parecen horribles. Y la niñofobia empieza a ser un problema real. Si vas a un restaurante familiar, por muy bien que se comporten los niños, van a hacer ruido, si vas a una piscina municipal, lo normal es que te salpiquen y no solo los niños. Que la mayoría de las veces se les permite mucho más a los adultos, que hablan a voces, no van bien aseados, fuman echando el humo a diestro y siniestro... eso es políticamente correcto, pero que un niño sea y se comporte como tal no lo es.

Los niños son el futuro, son los que te pagaran la pensión mañana, no lo olvides. Ya está bien de tratarlos como ciudadanos de segunda leñe #StopNiñoFobia.

Soy la primera que a día de hoy no va a ningún sitio en el que mi pequeño no sea bien recibido. Pero entiendo que no siempre nos encontramos en la misma situación y que no siempre necesitamos lo mismo, por lo que no me molesta la existencia de lugares “Solo para adultos” siempre y cuando los “adultos” que hay dentro se comporten como tal.

Con este post participo en el Carnaval de post: A vueltas con #stopniñofobia de Madresfera. ¡No dudes visitar el enlace y conocer otras opiniones!

miércoles, 17 de mayo de 2017

No tires la toalla. Superación personal #AclaraLaPsoriasis


Cuando Madresfera nos propuso escribir un post sobre superación personal, para participar en el carnaval de posts de la campaña #AclaraLaPsoriasis, pasaron por mi cabeza  varios temas, falta de autoestima, problemas de alimentación, pánico escénico… temas que no suelo tratar y que por respeto a mis padres y a lo que pienso al respecto, posiblemente no llegue a tratar jamás en el blog. Como dice mi psicóloga, son guerras que por ahora no estoy preparada para batallar.

Sin embargo los que me conocéis, sabéis que hace algo más de un año, la vida nos dio el golpe más duro que se puede dar a unos padres y aunque estemos lejos de “superarlo” (sinceramente creo que la muerte de un hijo no se llega a superar nunca), no hemos ni vamos a tirar la toalla.



Después de perder a mi pequeña, recuerdo muchos días en blanco, días en los que solo los abrazos y besos de #Gusanito me sacaban del aletargamiento. Recuerdo abrazarme a su urna a escondidas intentando darle todo el amor que me quemaba dentro. Recuerdo sentir que no tenía derecho a vivir, a respirar, porque yo la había matado. Y como no podía ser de otra manera, toque fondo. Toque fondo el día que #Gusanito con apenas dos años me dijo, “Mamá azul, pero yo cuido  para para que no llore.” Ese día me di cuenta que tenía que seguir adelante por él, por mi marido y sobre todo por mí.

Siempre tuvimos claro que no queríamos que #Gusanito fuera hijo único, de hecho siempre soñamos con familia numerosa y perder a Emma no había cambiado esa idea. Sin embargo los meses pasaban y el sangrado seguía constante, tras infinidad de pruebas, nos dijeron no saber el motivo, pero mis ovarios no respondían y probablemente no podíamos tener más hijos. Un nuevo golpe tan solo 6 meses después de enterrar a mi pequeña. Si no hubiera sido por mis chicos… no quiero ni pensarlo.

Pero la historia continua, porque después de tratamientos, y pruebas, tuve un mes completamente en blanco con un montón de test negativos, y vuelta al sangrado continuo. Entonces un médico sugirió la “posibilidad de Cancer” y que si volvía tener otro mes en blanco deberían hacerme algunas pruebas… de repente sentí miedo de no ver crecer a mi pequeño y por primera vez en meses quería vivir de verdad.

Cuando  unos meses después la regla empezó a retrasarse, ya íbamos preparados para lo peor, un retraso de casi dos semanas, y yo que me negaba a hacerme un test… Pero nuestro miedo se tornó en un precioso arcoíris que viene en camino, dispuesto a llenar de color los días grises que le preceden.



Este no es el final de la historia, porque un nuevo embarazo después de una perdida nunca es fácil. Y en nuestro caso… menos aun.

#MiMedioMandarino siempre dice que él no solo perdió a Emma, también me perdió a mí ese día. Y es cierto que no soy la misma, y no creo que pueda volver a ser como antes, por mucho que lo intente. El día que Emma se fue se llevó una parte importante de mi alma y de mi corazón.

Sí, es cierto que #MiMedioMandarino nos perdió a las dos ese día, aun así, arriesgándome a meterme en un jardín del que no pueda salir, no creo que las experiencias ni sentimientos sean comparables.

A medida que avanzan las semanas y la #Quisquilla sigue creciendo sana, yo sigo batallando con mis miedos y demonios internos porque yo soy la mama de Emma, mi obligación era cuidarla, y no lo hice, porque fui yo quien enfermó, porque era yo quien sentía que algo no iba bien, y no supe hacerme escuchar, porque fue una decisión de dos, pero era yo quien tumbada en la camilla vi como la aguja atravesaba su corazoncito y todo se paraba, porque fui yo sola quien dio a luz su cuerpo sin vida, y no hice nada cuando la dejaron en el suelo como un despojo… Porque soy yo quien lleva a #Quisquilla en su vientre, quien la siente crecer, quien nota sus patadas y quien revive, cada día, sin querer, el embarazo de Emma.

A veces pienso que no estoy preparada para volver a pasar por todo el embarazo otra vez, otras tengo la sensación de que es continuación del de Emma, como si nunca hubiera dejado de esperarla. Por eso elegir un nombre que me de paz es tan importante ahora mismo para mí. Emma significaba “fuerza” y lo fue, mi pequeña lucho hasta el último momento.  Y aunque nadie pueda entenderlo necesito que el nombre de #Quisquilla signifique “vida” y tenga la misma fuerza que el de su hermana. Porque necesito darle una identidad propia, necesito esperarla solo a ella.



Como veréis, estoy muy lejos de haber superado nada, pero cada día lucho por seguir adelante, por ellos y por mí, porque quiero ser la madre que Emma habría querido tener y porque sé que me necesitan tanto como yo a ellos.

Este post está enmarcado dentro de la campaña “Aclara la psoriasis”. Podéis encontrar información y ayuda en: www.aclaralapsoriasis.org de  Acción Psoriasis y en la web Tú cuentas mucho.

Nosotros no hemos tirado la toalla y seguimos luchando día a día, y aunque la psoriasis no es una enfermedad sencilla de llevar, no olvides que seguir adelante y ser feliz es tu decisión. 

lunes, 10 de abril de 2017

Visitas médicas en el primer trimestre de embarazo

Me ha costado bastante escribir este post, sobre todo porque me cabreo muchísimo cada vez que lo pienso.  Lo primero que tengo que aclararos es el motivo por el que he decidido llevar el embarazo tanto por la privada como por la seguridad social. Es sencillo, un mayor control.

Una vez pasado todo, todos los especialistas a los que vimos, no aseguraba que ya se veía, que algo en la cabeza de Emma no estaba bien desde la semana 20, entonces ¿Por qué esperaron a la 34 para empezar a hacer pruebas? Una interrupción en la semana 20, no es un parto en la 36, ¿Por qué nos hicieron pasar por eso? Porque no lo vieron. Y seguramente aunque el embarazo lo hubiera llevado también por la ss, tampoco lo habrían visto, pero siempre me quedará la duda.

Pues puestos en situación os voy a contar como han sido las revisiones del primer trimestre.



En la privada:

semana 6:  ya tenía la cita cogida de hacía días, pensábamos que el retraso iba a implicar otras cosas, no esperábamos el positivo. La ginecóloga nos confirmó el embarazo y que había saquito y se veía algo dentro, todavía no se distinguía el latido, pero nos dio la enhorabuena y nos pidió cita para semana 8. Nos pidió varias analíticas. Intentó tranquilizarnos, y nos advirtió que sicológicamente iba a ser duro pero que no tenía por qué pasar nada.

Ese domingo empecé a sangrar, aborto incipiente, las palabras de la ginecóloga de urgencias fueron devastadoras. Seguramente antes de 24h lo perderás. La bolsa estaba completamente desprendida y había un gran hematoma alrededor. Reposo absoluto, progesterona y que llamara a mi ginecóloga para adelantar la cita.

El lunes a primera hora llamé a mi ginecóloga, que quería verme inmediatamente, como no tenía quien me llevara y mientras no sangrara en abundancia quedamos que me vería el miércoles a primera hora. Me dijo que se veía claramente el hematoma aunque parecía menor que el domingo, y que según su opinión la bolsa se estaba agarrando otra vez. Seguimos con progesterona y reposo absoluto. Nos volvió a ver ese viernes y el viernes siguiente de 7 semanas. Parecía que todo estaba perfecto así que nos levantó el reposo absoluto.

En la semana 8: revisó que todo iba correcto y las analíticas. Y me citó para la semana 10 y respondió a todas mis dudas.

En la semana 10: Comprueba que todo sigue bien y nos mandó la eco de la semana 12 con la analítica.

En la semana 12: Nos hicieron la eco y la analítica, el mismo día y con bastante tacto, respondiendo dudas.

En la semana 15: volvió a vernos con los resultados de las pruebas. Y nos mandó la ecografía del segundo trimestre.

Con la seguridad social:

Semana 6: Primera visita al médico de cabecera para que nos derive al ginecólogo. Nos pide la analítica. Y nos indica que nos llamarán para darnos cita. A los pocos días nos llega una carta con la cita para el ginecólogo, ni llamada, ni posibilidad de elegir hora.

Semana 8: aunque soy la primera la ginecóloga llega unos 20 min tarde, total 30 min de retraso nada más empezar. Me pesa me toma la tensión, mira que hay latido, sin girar la pantalla, para que yo la vea. Le comento que es mi tercer embarazo y lo que pasó con Emma y me dice que no soy de riesgo porque “aborté porque a mí me dio la gana”. Le pregunto si el ‘A mí me dio la gana’ incluye que fue la recomendación de los 5 especialistas que vimos y que todos los médicos nos advertían que era un parto de riesgo donde mi vida corría peligro y que la niña no iba a sobrevivir. Y me indica de muy malas maneras que fue una IVE que como su nombre indica es una interrupción VOLUNTARIA de embarazo, opto por dejar de discutir con alguien que no tiene educación. Además se encarga de mostrarme lo enfadada que esta porque fui a urgencias a una clínica privada y no a la paz (que se encuentra a más de 2h en transporte público de mi casa o casi 30 min en coche si no hay atasco y encuentro a alguien que me lleve) que es la que me corresponde durante el embarazo. Visto lo visto opto por no responder siguiera y pasar. Pese a que le llevo la analítica con la curva larga de glucosa negativa que me hicieron en la privada me indica en su tónica de bordería que no va a admitirme ninguna prueba de fuera, que si tengo intención de llevar el embarazo por la privada mejor que no vuelva a su consulta y que me va a repetir la curva corta de glucosa aunque le advierto que esa siempre me da positivo y que me tendrá que hacer la larga. Me dice que me llamarán para la eco de las 12 semanas, para la analítica y la próxima revisión. Total en apenas 5 minutos me ha despachado de largo y yo salgo con un cabreo tremendo.

Ecografía de la semana 12 y analítica: Como las veces anteriores, me llega una carta directamente indicándome la cita sin posibilidad de cuadrar nada con mi horario y mi trabajo. Me realizan la analítica con curva de glucosa de regalo, por sus santas narices. Una semana después me hacen la ecografía de las 12 semanas. He de admitir que el ecógrafo que me trato fue puntual y lo hizo con mucha educación y cuidado, explicándome todo lo que veía y mostrándome la pantalla en todo momento.

Semana 16: recogida de pruebas. Entro con más de una hora de retraso en la consulta, la enfermera me pesa y me toma la tensión sin que la ginecóloga me haya dirigido aun la palabra. La enfermera me indica que pase a la camilla. Entra la ginecóloga, sin mirarme me dice que es una comprobación rutinaria para comprobar que hay latido, no gira la pantalla ni me deja ver a mi pequeño. Le comento que estoy con antibióticos y que con lo que paso la última vez, estoy bastante asustada. En su tono de bordería habitual me responde que a ella eso le da igual y que no va a realizarme ninguna prueba fuera del protocolo.  La enfermera me indica que me ha dado un pelín alta (como ya sabíamos que iba a pasar) la curva de glucosa y que me tienen que realizar la larga, en un hospital que está a más de 2h de mi casa en transporte público. Vamos que me van a dar el tercer chute de glucosa, sin ser necesario solo por sus santas narices. Me da un papel y me dice tengo que bajar a administración a pedir yo la cita. Y Que de la eco de las 20 semanas ya me llamarán (tres semanas después aun no me han llamado). Total, después de más de una hora esperando para entrar, me despacha en menos de 4 minutos. Bajo a pedir la cita para la puñetera curva y me encuentro una única ventanilla de 7 abierta y que tengo más de 40 personas por delante. Después de esperar 5 minutos sin que avance nada, pregunto en información si hay alguna otra forma de solicitar la cita y me dice que no, que tiene que ser en esa ventanilla. Con un justificante para el trabajo que solo indica la hora de espera que he estado tocándome las narices arriba, opto por irme y volver cuando pueda.



Al día siguiente a primera  hora me llaman para preguntarme porque no he solicitado la cita de la curva, le indico el motivo y que pretendo ir cuando pueda a pedirla y amablemente el señor me da la cita por teléfono… yo hay cosas que no entiendo.

Os preguntaréis por que no he mandado al carajo a la borde de la ginecóloga, pues el primer día, quise pensar bien, que no había entendido la situación, que tenía un mal día… esta segunda vez… en fin estoy esperando que me llamen para darme la cita de la ecografía y en cuanto la tenga pediré un cambio de medico aunque ello suponga cambiar de hospital y tardar mucho más en desplazarme. 
  
Y esta está siendo nuestra experiencia con el tercer embarazo ¿Vosotros por donde lo estáis llevando? ¿Vuestra experiencia en la pública está siendo igual de mala?

martes, 14 de febrero de 2017

Semana 9: La culpa y el miedo

Os pasa alguna vez que ¿tenéis muchos temas en la cabeza pero muy poco tiempo para desarrollarlos? La verdad es que me está costando más de lo que esperaba ponerme en serio con el blog y eso que, en mi lista de propósitos para este año, ocupaba un lugar importante. Y es que, es muy difícil mantener tú día a día, laboral y personal cuando tu cabeza se presta monotemática y bastante paranoica.

He dudado mucho si tratar esta serie de temas en el blog, pero una vez hecho público el embarazo y con la poca información que hay al respecto, aunque sea un tema doloroso y que se va prestar a polémica, hablar de todo lo que conlleva un embarazo tras una pérdida perinatal tanto física como psicológicamente y destapar todos los tabús que se han formado al rededor, me parece realmente importante.

Ya hace unas tres semanas que nos enteramos, tres semanas cargadas de sentimientos encontrados. Y una vez pasado el peligro inicial, si comparo este embarazo con los dos anteriores las diferencias son realmente abismales.

En mi primer embarazo, estaba radiante, pletórica, realmente creía que la gente me lo vislumbraba en la cara con solo mirarme. Se lo contamos a todo el mundo en seguida y lo íbamos predicando a bombo y platillo.

En el segundo, algo más recelosa de mi intimidad, esperamos un poco más para contarlo (días), pero me sentía igual o más radiante e ilusionada que con el anterior. Hicimos una divertida foto de gusanito con un anuncio de desahucio de su cuna y la mandamos a todo el mundo.

A día de hoy con 9 semanas y pico cumplidas, solo el entorno más cercano lo saben. Más que radiante, me siento temerosa y muy muy cauta. No tengo ganas de contarlo, de que me pregunten todo el rato como estoy. Espero las revisiones como agua de mayo, con ansiedad, con desazón, pensando si su corazón seguirá latiendo, si estará bien. Nada de esto me paso por la cabeza en los embarazos anteriores.

Durante meses me he sentido apoyada y arropada en los grupos de duelo gestacional y perinatal. Grupos que no solo considero beneficiosos sino muy necesarios. Pero a día de hoy me siento incapaz siquiera de leerlas, mucho menos de acompañarlas. Y es que lejos de lo que algunos creen, a las madres en duelo no nos consuela conocer nuevos casos, se nos parten el corazón y el alma cada vez que sabemos de un nuevo angelito, por que por desgracia conocemos y compartimos el dolor de esa madre, y nuestra herida se vuelve a abrir y sin querer revives todo otra vez, porque el duelo gestacional y perinatal no se supera, no se pasa página, no se olvida. Y recaes una y otra vez en una espiral de la que, lo siento, pero no se sale.

Y a la falta de ilusión, que no es que no esté ilusionada, sino que el miedo y el dolor tienen más peso y tapan la ilusión, se une el sentimiento de soledad. Sí, me sigo sintiendo arropada por mi comunidad, pero me siento incapaz de hablar con ellas y revivir en estos momentos el miedo abismal que me atrapa y me impide respirar, tampoco soy una feliz madre en dulce espera, por lo que cuando hablo con otras felices madres gestantes, mi pesimismo y prudencia suele molestar.

Si a todo esto le añadís el sentimiento de culpa, culpa por ser incapaz de sentirme como en los anteriores embarazos, por sentir que por mucho que desee este bebe, nada será como si Emma no se hubiera ido. Culpa por sentir que no seré una madre completa para él o ella.

Y aquí surge el siguiente motivo de culpa y esta es de las gordas. Durante casi un año, fui madre de una niña, y mientras la esperaba preparé todo para su llegada. Me ilusioné imaginando muñecas, vestidos, rosa en casa. Pensando en todo lo que compartiríamos, en todo lo que tenía para darle, para enseñarle. En todo lo que aportaría a la familia y sobre todo a su hermano. Tal fue la ilusión y la espera que ahora, cuando pienso en la pequeña #Quisquilla (así la llama su padre)  me sorprendo pensando en femenino, pensando en ella. Pero… ¿Y si no es ella, sino él? Sé que le voy a querer igual, pero ¿cómo voy a cubrir, a calmar todas las expectativas que Emma me género? ¿Podre ser una buena madre para #Quisquilla, con ese vacío?

Sé que no son más que banalidades, tonterías, que se me pasan por la cabeza, para no pensar en lo que realmente me aterra, porque lo único que me importa es que venga sano, y sea feliz. Pero una vez lo tenga en brazos, y hayamos pasado el primer trauma ¿Pensaré igual, si #Quisquilla es un varón? 

martes, 7 de febrero de 2017

Una nueva etapa

Después de casi mes y medio de silencio, entre las vacaciones de navidad,  problemas con Internet en casa y un largo reposo absoluto con demasiada gente en casa y que me ha tenido fuera de combate, regreso con novedades. Novedades que no pretendía desvelar tan pronto, pero al fin y al cabo, para eso cree el blog en su día.

En diciembre tuvimos un gran susto, tras un retraso importante y tres test negativos, nos dijeron que mis ovarios no estaban funcionando correctamente, barajaron posibles causas, temas hormonales… hasta un posible cáncer de ovarios. Por suerte unos días antes de empezar con las pruebas comencé a sangrar y todo quedó en eso, un gran susto.

En navidades, pasé por una ciática muy fuerte con inyecciones para poder moverme, entre otras cosas. Cuando empezó a retrasarse otra vez, os podéis imaginar el disgusto. Pedí cita con mis médicos y ya iba resignada a toparme con lo peor, cuando #MiMedioMandarino me dijo. “Por lo menos hazte un test, aunque sepamos que va a ser negativo, no te vas a presentar con un -tengo un retraso de dos semanas, no estoy embarazada, pero no me he hecho ni un mísero test-”.

Sin muchas ganas compré por Internet un paquete de 20, que salía bastante económico, porque la situación tenía pinta de repetirse y no me apetecía seguir pagándolos al precio de la farmacia. Llegaron a la mañana siguiente, media hora antes de salir hacia el médico me hice el test, sin muchas ganas. ¡Cuál fue mi sorpresa cuando dio positivo! Llegamos al médico con el test en la mano y el corazón en un puño.



Si soy sincera, después de desearlo tanto, de buscarlo tanto, pensaba que me sentiría mejor. Pero con todo lo que hemos pasado, lo primero que me vino a la cabeza fue que hay tipos de cáncer que también dan positivo en el test, o ¿y si era extrauterino?, o si  la bolsa estaba vacía. Me repetí hasta dos veces más el test, para ver si seguía dando positivo, hasta que nos vio la ginecóloga ese viernes y nos dijo que estaba todo bien…

Pero ese domingo empecé a manchar rojo sangre. Corrimos a urgencias y allí nos dijeron que estaba completamente desprendido, tenía un hematoma con muchísima sangre alrededor, era cuestión de horas que lo perdiera, me mandaron progesterona cada ocho horas y reposo absoluto y que si empezaba a sangrar fuerte volviéramos corriendo. Casi no nos habíamos hecho a la idea de que estaba aquí y ya íbamos a perderle. #MiMedioMandarino solo me decía “tu tranquila, es de mi familia, somos fuertes, verás cómo sale adelante. Y si al final no puede ser, piensa que al menos ahora sabemos que puedes volver a quedarte embarazada”.

Yo estaba en shock, me puse la progesterona y me fui a la cama, no quería pensar en nada, solo dormir, pero cada vez que me dormía empezaban las pesadillas. Han sido dos semanas muy largas y duras, pero parece que nuestro pequeño arcoíris ha decidido, por ahora, aferrarse a la vida.

Estoy muy feliz, pero realmente pensaba que tener una nueva vida en mi interior me ayudaría a volver a ilusionarme, a calmar el vacío, el dolor… por ahora no ha sido así, a todos estos sentimientos se le han unido el miedo, la angustia y sobre todo la culpa. Tengo pesadillas cada noche, apenas duermo, me da miedo ilusionarme y volver a pasar por lo mismo. Pero sobre todo siento culpa, culpa por tener una nueva vida en mi interior que ocupará su lugar, que estrenará sus cosas, que la sustituirá. Y seguramente solo sean las hormonas, pero ahora mismo no sé cómo gestionar todo lo que estoy sintiendo.  Tienes que estar contenta, me dicen, sonríe, intento hablarle, ponerle un nombre como hicimos con sus hermanos, pero es como si estuviera bloqueada, como si el miedo a volver a sufrir no me dejara respirar.

Y así pasan los días, ayer cumplimos ocho semanas y nuestro pequeño arcoíris mide ya 12’9mm. Empezamos una nueva etapa familiar, y aunque estamos todos muy contentos, no está siendo fácil (para ninguno), pasar por un nuevo embarazo, diez meses después de haber enterrado a Emma.  

jueves, 29 de diciembre de 2016

Hago balance



Hago balance del año que termina y solo hay lágrimas en mis ojos, quizás algún atisbo de sonrisa a lo lejos repasando los logros y trastadas (sobre todo esto último) de #Gusanito, pero no son más que eso, sombras de lo que podían ser. Y es que, cuando lo malo ha sido tan malo, lo bueno queda oculto, inadvertido entre los recuerdos y el dolor.

Hoy hago balance y un escalofrío recorre mi espalda al pensar como era y como he cambiado en tan solo un año. Y es que hay hechos, vivencias que te cambian de forma radical y aunque duela no hay marcha atrás. Soy de esas personas que, cuando no está a gusto con algo, tiendo a aislarme y aun así, siempre he sido muy detallista, preocupada por todo, y pendiente de todos. Recuerdo los cumpleaños de todo el mundo, los nombres de sus pequeños… cualquier dato que para la persona con la que estoy sea importante y eso suele hacer que de alguna forma, la gente confíe en mí, y termine siendo el paño de lágrimas de todo el mundo.

Pero en mi peor momento, cuando más vulnerable era, me he sentido realmente sola. Es cierto que los primeros días necesitaba esa soledad, necesitaba asimilar lo que sucedía a mí alrededor, comprender que estaba pasando, y por qué no tenía a mi niña en brazos. Pero los meses han pasado, y todas esas personas a las que consideraba amigos, todos esos para los que fui paño de lágrimas, no han estado para mí.

Soy consciente de que es una situación realmente difícil, lo normal es no saber qué decir, los que aún no son padres no entienden que siga llorando algo que nunca he tenido, a  los que ya lo son o a los que están en la dulce espera, les pone nerviosos estar conmigo, porque les hace conscientes de que hay otra realizad que puede suceder y eso da miedo, da mucho miedo. Quizás porque piensan que ya ha pasado el tiempo suficiente como para que lo haya ‘superado’, solo quien ha pasado por esto sabe que no se olvida ni se supera nunca, solo aprendes a vivir con el dolor.

Pero todo esto me ha servido de mucho, he cambiado si y mucho más de lo que hubiera imaginado, supongo que en el fondo, muy en el fondo, sigo siendo la misma detallista empedernida, preocupada por todo y por todos los que me importan, solo que ahora el circulo de la gente que me importa se ha reducido drásticamente.

En el contrapunto, diré que esta horrible experiencia me ha unido muchísimo más (si es que se podía) a #MiMedioMandarino, que ha sido y es mi soporte, mi guía.  He visto crecer, demasiado deprisa quizás, a mi pequeño, que se está convirtiendo en todo un hombrecito con casi 3 años. He conocido a gente maravillosa, que me comprende, que me apoya y sobre todo que me acompaña. Porque no necesito palabras de consuelo, que sin querer menosprecian mi dolor, solo que estén ahí. Estoy aprendiendo a ver quiénes son realmente mis amigos, y quien solo está por interés.

Pero lo más importante es que estoy aprendiendo a conocerme y a respetarme, soy mucho más tolerante, estoy buscando nuevas aficiones, nuevas metas. Estoy aprendiendo a darme tiempo.

Quizás si hubiera salido nuestro ansiado arcoíris, el año que termina tendría una luz de esperanza… yo por mi parte solo quiero que pasen estos tres días lo más rápidamente posible y que termine de una vez este horrible y fatídico año.