martes, 5 de julio de 2016

De boda... tres meses después.

    El sábado estuvimos de boda, fue algo confuso y reconozco que no estaba preparada, pero queremos muchísimo al novio, amigo desde la facultad (más de 14 años ya) y queríamos compartir con él ese día.

    Ha sido la primera boda desde que nació #Gusanito que no nos lo llevamos, la ceremonia empezaba a las siete y el banquete estaba programado para las diez, un horario poco apto para niños pequeños, pero que se agradece en una ciudad como Cáceres, donde hasta las 12 no empezó a hacer una temperatura aceptable. Así que aprovechando que estaban los abuelos, #Gusanito se quedó con sus titos y sus abis tan feliz. A nosotros se nos hizo muy extraño no correr tras el en la ceremonia, hablar tranquilamente con la gente, sin estar pendientes de sus travesuras, comer en el cóctel! jaja pero lo echamos muchísimo de menos.

    Ir a una boda solo tres meses después de dar a luz, con tu barriga deforme, tus kilitos de más fruto del embarazo, tus hormonas revolucionadas, los nervios a flor de piel, buscar vestido, complementos, suele ser siempre un autentico quebradero de cabeza, que se compensa con el precioso bebe que llevas en brazos, al que cuidas y amamantas durante la boda y todo lo demás no importa. Pero ¿Qué pasa cuando no hay bebe? Que, a ojos del resto de invitados, solo eres una gorda de barriga deforme, hinchada, incomoda y de mal humor.

    Si encima hay preciosas bebotas que se pasean pizpiretas con sus preciosos vestidos de princesa y sus coronas de flores llamando la atención de todo el mundo, la cosa se vuelve aun mas dolorosa.

    Los reencuentros con gente a la que hace tiempo que no ves, antiguos amigos, conocidos, compañeros de batallas de universidad,... gente a la que aprecias aunque no veas mas que de higos a brevas, vivir lejos, en otra ciudad y todos con sus familias ya formadas hace que a veces sea muy difícil cuadrar las fechas para vernos.

    Y llegan los comentarios, de la gente lo sabe, de la que lo intuye y de la que lo ignora. "Tu ibas a tener una niña, ¿Que tal te apañas con dos niños tan pequeños?", pues cuando lo sepa te lo digo :(, "¿Y para cuando el segundo?, se van a llevar un montón", sin comentarios. "Jo nena, me enteré de lo que os pasó, bueno sois jóvenes, ya vendrá otro, que menos mal que no nació", "¿Y vais a volver a intentarlo?", pues veras solo hace tres meses que enterré a mi hija, no estoy pensando si la reemplazo o no... en fin, supongo que es como muchas cosas, hasta que no lo pasas no sabes ni como actuar.




    La ceremonia fue muy bonita, con una música que invitaba a soñar, el castillo del banquete era de ensueño, pero lleno de bichos enormes que nos han dejado brazos y piernas llenos de regalos. Todo cuidado al detalle y precioso, la verdad es que la novia que es un cielo se lo había currado mucho. Y hasta concedió pequeños detalles al novio jajaja.

   Pasamos una velada algo extraña pero no desagradable, no tenemos un contacto muy continuo con la gente, y en eventos así, te vas enterando de cosas, en nuestro caso parece que el grupo había tenido una serie de desavenencias y estaba un poco dividido, el caso es que acabamos en dos mesas diferentes y se hizo cuanto menos raro.

    Mi debacle comenzó cuando los novios abrieron el baile con "Nothing else matters" de Metálica, casualmente la canción de cuna de #Gusanito y la misma que le poníamos a Emma cuando estaba en la tripa, según avanzaba la canción me empezó a faltar el aire, me sentía mareada, y apenas podía contener las lágrimas, salí corriendo y me encerré en el baño. No se cuanto tiempo estuve, pero no demasiado, me seque la lágrimas, respire hondo y decidí salir. Al salir, se habían ido casi todos, intentamos aguantar un poco más pero la verdad es que los ánimos ya no acompañaban y terminamos yéndonos también.

    Ha sido una experiencia rara, ni buena ni mala, simplemente algo que te hace pensar en lo que tienes, lo que perdiste, y la cantidad de lenguas que habría que cortar (es broma) pero si te hace ver que la sociedad no esta preparada para acompañar a unos padres que han sufrido una muerte perinatal, que sigue siendo tabú y eso no ayuda.

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